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Y allí estabas

Y allí estabas
de pie
silente
perfectamente dulce
como largas horas de verano, o flores de cactus o de lavándulas
como un río
detenido entre luciérnagas
o trenes bajo un cielo de agosto
Y entré en ti como en un largo túnel de misterio o de luces
y estabas silenciosa y sonriente
con ese extraño rictus girando por tu boca
y eras una promesa de un día a la sombra de los álamos
o bajo un puente y fui un ligero aire besando tu cabello
una caricia
un extraño
silencioso y pálido
en busca de tus manos y de tus caderas
y atesoré entre mis dedos un perfume
y dormí bajo las alas de un deseo

Y allí estabas de pie

Sonreías con la larga sonrisa de las nubes descargando aguaceros
con la sutil caricia de una atardecida brisa de verano
Fran Gris, Chile


Cajas



Cajas
Ángel Guinda

Lo diría una indígena y tendría razón.
"Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les dejan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Y cuando mueren
les introducen también en una caja.
Los Bancos y las Cajas tienen caja,
los establecimientos tienen y hacen caja."
Todo está hecho para que encajemos.
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos.


La casa

La casa
toda bosque y azules piedras
yace
a la espera y por la tarde
entre los brazos extendidos de un viejo sol
Te sientas entre dos silencios que dejan flotando
los pájaros del agua
y el llamado del vino se ancianiza en los rincones
Bajo la tutela polvorienta de las sombras
somos algo más que dos
Somos golpes de reloj y tañidos
en cada golpe de brisa
Rumor de pan bajo la caricia de las brasas
Y agua lenta
oscura
en busca del invierno.

(En la penumbra ni una palabra
basta una mirada
ni una luz
basta con tus ojos
Y espero
espero a que vengas
con tus brazos nocturnos y tus besos
y tu voz de río
tu ternura
y tu fuego
tus piernas
Por mis venas
los gritos de los siglos
cristales rotos
arrastran el perfume de tu cuerpo
longitudinales lunas
Y tu misterio
por mis manos
y mi boca
abriendo surcos
en tu piel)

Galopar bajo los manzanos y amanece

La noche nos ha dejado un tizne en los párpados
y las manos se buscan
escondidas
en los pliegues de la sábana

Frans Gris
Mayo, junio 2008


Cada uno

Cada uno

Cada uno construye su casa como quiere.
La pone sobre el aire,
la siembra en la cintura de la luna
o encima de las olas.

Cada uno
la pinta de manera diferente,
la baña con el cielo
y el oro verdidulce de la tarde.
La llena de jilgueros,
de música y hortensias.
Encima del verano la edifica.
Le pone una ventana al horizonte,
una terraza al mar
y un pájaro de bronce en el tejado.

Cada uno
la salva de la furia del invierno,
le pone verjas altas,
faroles importados de Neptuno,
estufas de Chicago
y espejos fabricados en Arabia.
Cada uno la mide y la corrige.
En forma vertical la va agrandando.
Le pone un tiembre eléctrico
y un número de plata.

La cuida del mendigo que la ensucia,
del niño que le roba una gardenia,
del pobre que la mira.

Cada uno acomoda su casa a su manera,
presume y aparenta,
construye su existencia tontamente
con trapos, pergaminos y billetes,
con vigas antisísmicas
coñac y pararrayos.

Qué lástima pero ninguno
construye a su medida su refugio
con sólo la verdad de cada día
y el sol bien compartido.
Qué lástima que nadie se haga casas
a prueba de mentiras, olvido y desamor.

Yo quiero hacer mi casa a mi manera
sin puertas ni cortinas.
La quiero dulce y tibia
en medio del camino de tus brazos.


Violeta Luna, Ecuador 1943.