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Carta a Vicente Ferrer

19.06.2009

CARTA ABIERTA A VICENTE FERRER
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Anoche te fuiste tranquilo, sereno y sin sufrimiento. Como eras tú. Como eres tú, porque seguirás siempre aquí.
Decías que habías hecho un pacto con Dios : que te dejase cumplir tu misión en la India y, después, te podía llamar; que estarías esperando pacientemente.
Pudiste realizar tu gran labor con los dalits (los intocables, la casta más baja de la India) durante más de 30 años con el apoyo de tu maravillosa familia.

Recuerdo un día de Enero del año 2006. Llegamos en autobús a Anantapur. Te buscaba por mi ventanilla y allí estabas, vestido con tu típico polo, para recibirnos acompañado por un hindú que sostenía un paraguas negro para protegerte del sol tan fuerte. Hacía 46º y mucha humedad.
¡Qué alegría estar cerca de ti! Amable, comunicativo, sabio, bromista; con unas palabras dulces y serenas para cada uno de nosotros.

Nos acomodamos en unas casitas de adobe con techo de uralita en el campus RDT (rural development trust). El dormitorio, de aspecto monacal, contenía dos camitas de hierro recubiertas de sábanas de elefantitos confeccionadas con pigmentos naturales en la Fundación y dispuestas muy altas para que no pudieran subir las alimañas. Baño con letrina, un cubo, jarra de plástico para ducha y un grifo bajo, era lo que teníamos para atender nuestras tareas diarias de higiene personal.

Una noche nos diste una charla sobre el funcionamiento de la Fundación. Estábamos en una habitación colocados alrededor de ti con los ojos abiertos como búhos. Éramos todo oídos. De repente se oyeron unas rascaditas en la puerta de cristal tallado. Paraste la charla en seco y, con el dedo señalando la puerta, le dijiste al chico Hindú: “Ves a mirar y, si son mis nietos, déjalos entrar” Me saltaron las lágrimas (sólo yo sé por qué).
Al terminar la charla todos salieron. Me quedé contigo a solas y te conté que mi padre, también Vicente, muy mayor y que vivía en España, no sabía que yo estaba en la India. No le quise preocupar pero me encontraba con sentimiento de culpa. Me dijiste: llámale y dile que estás aquí que no pasa nada. Todo está bien y todo acaba bien.
Me marché pensativa. Era de noche y para no molestar a mi compañera de habitación, busqué un área poblada de árboles. Me agaché al suelo y llamé desde mi móvil a mi padre. Ahí me hincharon unos mosquitos gigantes. Cuando le dije que estaba en la India con Vicente Ferrer, se puso muy contento y me deseó mucha suerte. ¡Sí, todo acaba bien!

Otra noche nos habían preparado en el auditorio un espectáculo hindú en el que actuaban niños discapacitados. Al acomodarnos me coloqué detrás de ti y de tu encantadora esposa Anna (recomiendo leer el libro “un pacto de amor” escrito por Anna Ferrer). Casi en la mitad de la actuación, pasaste el brazo por detrás de la espalda de tu mujer y, delicadamente, posaste la mano en su pecho y ahí se quedó. ¡Qué escena tan entrañable!
Así eras tú.
Te pregunté una vez:
¿Cómo canalizar y no apenarse viendo todo este sufrimiento y tanta pobreza en las calles? Me contestaste:
Cuando veas miseria y dolor no te aflijas. ¡Actúa!
Y desde entonces no he parado de poner mi granito de arena.
Tendría tanto que contar…
Me considero una persona privilegiada por haber tenido la oportunidad de conocerte y estoy muy orgullosa de ello.
¡GRACIAS VICENTE!

Susana Catala

Carta para ella

Jose Antonio Reina Cervera

Ábreme tu alma amor. Soy yo, el que tantas veces ha nombrado tu misterioso nombre, que tantas veces te ha visto sonreír. Yo que he sido enganchado con tus olas de palabras, saliendo de tu garganta y sopladas por tus labios. Ábreme tu oído, para que pueda susurrarte algo, a pesar de esta distancia de espacio que existe, entre tu Norte y mi Sur.
Haré llegarte mis sentimientos, que se amontonan en un baúl dentro de mi gran corazón. No sé si darte alguna clave para que con tus pensamientos, la encuentres o te voy dejando miguitas con trocitos de ellos…
Muchos momentos he guardado dentro de mi interior, tú también lo sabes. Eres bruja de bola clara, que con tu fuerte intuición ves mis entrañas. Te fundes en mi interior tan rápidamente, que siento tu mirada dentro y me da miedo dejarla pasar.
Miedo eterno que se impregna por cada célula de mi cuerpo, eso me hace temeroso de que entres, recorras mi interior y me despiertes con lo que ves en él. Mi mente me detiene, me obstaculiza seguir, intenta controlar mi mano. Es guardiana de mi escritura, una dictadora, autoritaria, coartadora y una censuradora.
Ábreme para que dentro de ti busque ese refugio que no tengo en mí, protégeme y defiéndeme. Mendigo me siento pero honrado de vivir, de buscar lo mejor de mi ser, para mí y los demás. Me siento mas dividido que nunca, jamás antes sentí tanta división. Sé que la mente es culpable de esa dualidad, pues mi alma se puede hacer infinita cuando alcanza la sabiduría del todo y deja atrás los miedos, condicionamientos y se libera de esa pequeña prisión que esta vallada por miles de torres revestidas de pensamientos.
Me acerco a uno, lo miro y lo veo, me siento pesado, con una carga que me aprisiona hacia abajo, intento levantarme y la mente me enseña otro pensamiento para seducirme y sí, me auto convenzo, pero al poco tiempo siento que ha sido una ilusión para impregnarme de nuevo la carga. Nuevas preguntas asaltan de nuevo, no paran, me acorralan en un espacio tan pequeño como un rincón, aún así, me siento más agobiado.
Para mi suerte, un piiiii me entra en el tímpano y algo me conecta a otro enchufe. Cojo el móvil y con dos golpes de tecla, ante mí, un mensaje. Es corto con pocas palabras, pero solo eso basta, pues me llenan con un montón de rayos internos de emoción y me tiran tanto que mis labios se entreabren, una sonrisa se escapa tan inocentemente que no se detiene en la mente.
Mis pensamientos llegan a cualquier lugar donde estés amor, en esa conexión que día a día, mantenemos sin palabras, mudas, faltas de sonido. Somos capaces de transmitir tanto que me hace sentir bien, me adentra y se llena todo mi ser.
Esta noche, me siento mejor que las tres noches pasadas. Desde que vine a este extremo del país, me sentía por las noches muy intranquilo, nervioso, sentía el peso de la soledad sobre mí, apático también y con una sensación de volver en el tiempo, pero hacia atrás. Sé que es un acumulamiento de emociones que van entrando y que aquí me cuesta más mirarlas, tú sabes a que me refiero. El sistema sigue igual, aquí esta el epicentro y es más concentrado el magnetismo que tiene, ante eso yo cedo para acoplarme de nuevo a él, más con toda la situación que voy cargando sobre los hombros. Todo eso sumado, me lleva a esta apatía, no termino de liberarme, pues no me siento libre de la forma que, he tenido la gran oportunidad, de sentir junto a ti.
Gracias amor, por permitirme esta comunicación de corazón a corazón, te percibo tan cerca que siento tu calor. Te mando todos mis pensamientos dulces, tiernos y cargados de amor . Que esta noche, la energía infinita del universo te arrope y te haga sentir el más agradable de los sueños, que nos encontremos en ese viaje tan maravilloso al interior de nuestra alma, yo te llevo tan dentro de mí, que estando tan lejos, te siento muy cercana… que descanses y la paz anide en tu corazón.
Tu ángel.