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Juego peligroso

Rafael Senabre Ribes

Bajo el traje marrón de raya diplomática, la blusa de seda, se le pega al cuerpo como una segunda piel, perfilando sus formas rotundas. El generoso escote permite adivinar que no lleva sujetador. Los pechos firmes y turgentes apuntan con sus pezones al infinito. El tejido la excita. El suave tacto de la seda sobre la carne le produce escalofríos. La piel se le eriza. Incontrolados y provocadores, los pezones, despuntan duros bajo la blusa. Una calida y húmeda sensación la recorre por dentro.

Raquel se acomoda inquieta en su asiento. Sin disimular su excitación mira fijamente a su marido. Marcos está sentado frente a ella en la sala de espera del aeropuerto. Aunque algo alejado, observa sus carnales movimientos con curiosidad y una cierta indiferencia. –Ya vuelves a las andadas- , piensa, -esto ya no me excita como antes-. El la observa con furtivas miradas, mientras aparenta leer el libro que acaba de comprar.
Ella le guiña un ojo con una de sus sensuales caídas de pestañas.
-Empieza el juego mi amor- se dice para sus adentros, - mmm... vas ha parecer chocolate derretido cuando termine contigo-.
Marcos suspira. Sonríe con complicidad. Parece como si ella quisiera arañarlo con esa mirada provocadora. Suspira de nuevo. Cierra el libro.

Raquel, consciente de su poder, se lleva el dedo corazón a los labios, lo chupa, jugando lascivamente con la lengua. Lenta, su mano se desliza por la barbilla, liberando su boca, que queda entreabierta. Desciende por el cuello rozando levemente con la yema el borde de la blusa. Su dedo recorre el abismo que separa sus pechos. Un rastro de saliva sigue al dedo hasta el tercer botón, que desabrocha.
Sabe que lo esta poniendo cachondo. Con una sonrisa maliciosa su corazón se agita. Sus pensamientos hierven al compás de su sexo.
Estira un brazo por encima del respaldo del sofá, con el otro se alborota el cabello y lo hecha hacia atrás. Hunde su cuerpo y se estira hacia delante cruzando las piernas.
-Cariño, falta más de una hora para embarcar, esto no ha hecho mas que empezar-
-Lo tengo a punto mi amor, estoy húmeda. Estoy tan caliente, que follaria contigo aquí mismo. Hagámoslo-
Raquel habla con la mirada, mientras sus pensamientos y su sexo se desbordan. Atenta a su provocación, espera una respuesta de Marcos.

Desde su asiento, ella domina toda la sala y eso la hace poderosa y vulnerable al un tiempo. Su juego es un juego peligroso.
Marcos, nervioso, sigue el juego con fingida excitación. De vez en cuando se muerde el labio inferior ejerciendo una leve presión sobre el. Sabe que ese gesto a ella la vuelve loca. Se acaricia la barbilla. Traga saliva. Ladea ligeramente la cabeza hacia la izquierda y cierra los ojos como dejándose llevar. Se hunde en su asiento mientras su mano derecha repiquetea con ritmo lento sobre la tapa dura del libro. Cruza las piernas. Vive la espera con cierta desgana, ajeno a todo el bullicio que trepida a su espalda.


Por megafonía se anuncia en varios idiomas que el avión de Ámsterdam llega con retraso. Los vuelos se suceden. Detrás, gente que arrastra maletas de un lado a otro, niños jugando, otros que lloran, tacones que andan deprisa, alguien que abre una lata de refresco, una pareja hablando en japonés.
A su espalda suena un móvil.
- vaya- piensa, -alguien con la misma melodía que tengo yo, parece ser que no soy el único original-
Una voz de hombre contesta la llamada.
Es una voz grave, profunda, un tanto ronca, tal vez por el tabaco, pero sumamente atractiva y sexy.
Marcos se siente atraído por esa voz sin rostro. Le suena a voz de locutor de radio. Por el tono, da la impresión de ser alguien muy seguro de si mismo. No quiere mirar. Seria totalmente improcedente. - Que pensaría Raquel...-
A Marcos le gustan los hombres seguros.
Suspira profundamente. Deja de repiquetear con los dedos. Le dedica una amplia sonrisa a su mujer. Continúa el juego erótico entre ambos, pero... empieza a soñar despierto. Siente como si la voz hablara con el, como si su cadencia lo envolviese.

-Hola Roberto, ¿que tal esta mi hombre preferido?
-...
-No, aun estoy en el aeropuerto. Mi vuelo sale en algo mas de una hora.
-...
-Yo? Bien, cansado y con muchas ganas de verte. Te he echado mucho de menos.
-...
-Dos semanas sin acariciarte, sin oler tu piel, sin comerte a besos es demasiado castigo para un hombre como yo.
-...
-Tengo una sorpresa!
-...
-Siiii. Es fenomenal, han aprobado mi proyecto. Tanto esfuerzo valió la pena. Así que... en cuanto llegue... tendremos que... celebrarlo, ¿no te parece?
-...
-Tengo ganas de estar en casa y abrazarte, besarte, chuparte el cuello y follar como un animal. Quiero tenerte en mi boca y lamerte mientras siento que te derrites como un helado entre mis dedos.
-...
-No, no me he ido de fiesta, quiero celebrarlo contigo...
-...
-No me cambies de tema, si, claro que te he comprado un regalo, pero es para los dos. Anda... dime, ¿estás en casa?, ¿que haces?, ¿que llevas puesto?
-...
-Solo? mmm
-...
-Por la espalda... en el baño... ¿cava y fresas? mmm...cochino.
-...
-Sigue, sigue, me encanta. Me estas poniendo a cien cariño.
-...
-Estas siendo un chico malo y papi cuando llegue te dará unos azotes en ese culito de melocotón que tienes.
-...
-Aaah! como me estas poniendo.
-...
-Para, para, no puedo mas, hay mucha gente. Tengo que ir urgente al servicio. Cuelgo y te llamo en cinco minutos.

Marcos, atónito, no da crédito a sus oídos. Nunca había vivido una situación así. No puede creer lo que ha sucedido a su espalda.
Tiene una erección. No, mejor dicho, tiene la mayor erección de su vida. Se siente a punto de reventar. Jugar con su mujer le excita, pero escuchar a escondidas y en secreto la voz de un hombre hablando de sexo por teléfono, es lo más obsceno que le ha pasado nunca. Esta muy caliente. El lascivo animal que dormitaba dentro de el, acaba de despertar. Se mueve nervioso en la butaca. Se siente atrapado por esa voz anónima. Un delicioso cosquilleo le recorre el cuerpo erizándole el vello y regalándole espasmos de placer. Esta sudando, incomodo, con el corazón acelerado. Tiene palpitaciones, las manos sudorosas y la boca completamente seca. Le tiemblan las piernas. Siente un extraño pudor con todo esto, pero no puede dejar de pensar en lo que acaba de oír, es como una invitación.
Entre sus piernas, su miembro se revuelve inquieto, duro, bombeando sangre, en una lucha encarnizada contra el algodón del slip y la cremallera del pantalón. Marcos se toca discretamente intentando disimular su erección.

Raquel, lo mira orgullosa. Se siente poderosa y vencedora. Se humedece los labios. Pasa la lengua entre los dientes y hace un gesto con la boca, como si lo quisiera morder. Descruza las piernas, abriéndolas todo cuanto la abertura de su falda le permite. No lleva bragas.

Marcos la mira fijamente. Con la ceja izquierda levantada y una mueca en la cara a modo de sonrisa.
Instintivamente se lleva la mano al pecho, se desabrocha dos botones de la camisa. Un ligero vello negro asoma. Juega con el. Lentamente, como si sus dedos quisieran pasear por su pecho, las yemas lo recorren hasta encontrar un pezón. Ambos están duros. Juega con el izquierdo, lo pellizca. Lanza un leve gemido de placer. Se pasa la mano por encima de la bragueta. Deja volar su imaginación. En su mente unas manos fuertes lo acarician, una voz susurrante lo envuelve y una boca carnosa rodea su glande.
De repente recuerda el final de la conversación de su misteriosa voz. –Tengo cinco minutos- piensa.
Se levanta rápido.
-Toma el libro cariño- le dice a su mujer, -vigila un momento las maletas, tengo que ir al servicio-.

Altea, 27 de octubre de 2005.

MARC

De nuevo es tu aniversario, hoy cumplirías treinta años. No sé donde está tu cuerpo, pero sí sé donde reside tu alma, reposa felizmente en un mundo atávico y desconocido para nosotros.
Año tras año he ido contándote lo que sucedió, tu partida y el desgarro de mi corazón, aunque creo que tú ya lo sabías, por algo eras una parte mí. Me pregunté muchas veces cuántos días, meses o años tenían que transcurrir antes de que todo aquel dolor, se convirtiese sólo en recuerdos, ahora sé que sólo el tiempo coloca cada sentimiento en su lugar.
Hubo momentos que en mi mente veía espectros bailando sobre una tumba imaginaria; en otras ocasiones era un hombre de blancos cabellos y con la bondad reflejada en su rostro, envuelto por las risas de miles de niños y entre ellos estabas tú. Hoy puedo rememorar lo que sucedió porque mis nostalgias duermen junto con la calma que los años me han dispensado.
Era aquella la noche del fuego de las risas y canciones, de bailes en azoteas y patios. Los rayos dorados del atardecer se mezclaban con el resplandor de los fuegos y entraban por la ventana de mi habitación. Las blancas paredes se teñían con todos aquellos colores y los sonidos alegres del exterior, me traspasaban el corazón. En la noche más larga del año, eterna para mí, el médico habló conmigo. Creo que hay momentos en la vida que la verdad no es buena, que nos hace daño, que nos despedaza.
Temía el momento en que intentara dormir, sabía que un día más, el sueño se escaparía. Eran aquellos los instantes en que se abrían las compuertas más profundas de mi mente y esta, se vería sería asaltada por aquello que en realidad no deseaba, pensar en ti y en tu ausencia.
En aquellos días, nadie me trajo flores, en realidad no me molestó porque nada me importaba entonces, sólo sentía en vacío que había quedado en mí. En los días posteriores a tu nacimiento y tu marcha, mi corazón se quedó dormido, no cabía en él, ningún otro sentimiento, más que el de tu pérdida.
Maldije a todos por no dejar que me despidiera de ti, hubiese querido tenerte en mis brazos, aunque ya no hubiese ningún aliento en tu pecho. En aquella fatídica noche, al pensar en ti, te comparé con la flor del cerezo, que nace y muere el mismo día, aunque por lo menos esta, nos deja contemplar su belleza. Curiosamente hay culturas que ven en estos capullos el símbolo de la vida. ¡Con que qué contradicciones nos encontramos por la senda de nuestros destinos!
Tardaron tres días en decirme que habías muerto y que no sabían que había sido de tu cuerpo ¿no conocían el hecho de que yo te hubiera llevado ocho meses en mi seno, que eras una parte de mí? No hay un lugar físico donde conste tu nombre, pero lo tienes, yo te lo puse, eres mi hijo, el más pequeño y te llamas Marc, no lo olvides, porque yo nunca lo olvidaré.
Durante meses no pude derramar ni una lágrima, mi mundo se volvió gris, envuelto por aquella pena pertinaz, que me atravesaba el alma. Cuando al fin pude llorar, lo hice durante tres días consecutivos, con sus respectivas noches. Sólo los ojos de mis otros hijos enjugaron los míos y me salvaron. Decidí arrinconar la lástima y la congoja y dedicarme a amarlos con todas mis fuerzas. Ellos llenaron mi corazón afligido, con la alegría e inocencia que sólo habita en el paraíso de la infancia.
Hay quien dice que el silencio actúa como terapia, este también se cernió sobre tu persona, creen que aquello de lo que no se habla, no ha sucedido, pero yo siempre he sabido que estabas ahí, en algún lugar y que alguien más poderoso que yo, te había reclamado, quizás para preservarte de algún mal que yo desconozco.
Hoy hay trazado un puente sobre los abismos del pasado y puedo recorrerlos, aún sigo sin llegar a entender del todo el ayer, pero ya sin la oscuridad de antaño. Rota la antigua capa del dolor, camino con la serenidad y el sosiego que me da la fe, aquella que me confirma que estás en un mundo mejor.
Desterrado el dolor y vencidas las sombras, llegó la lluvia de bendición que limpió mi alma. Ahora ya sé que morir no es el final, que aquellos que se van no lo hacen del todo, sino que viven para siempre en nosotros. Es cierto que no te he visto crecer, pero tampoco tú me has visto envejecer ni ver como las tempestades de la vida, han ido dejando su huella en mi rostro. La felicidad en esta tierra, es una pequeña hoja en blanco, donde podemos garabatear sólo en contadas ocasiones.
Entre tanto, sé con certeza que tú estás en el lugar donde no tienen cabida ni las lágrimas ni el dolor y que un día, no muy lejano, podré darte el abrazo que he guardado para ti, sólo para ti, durante todos estos años.


Visi Ballalta

EXTRACTOS DEL DIARIO DE EVELYM SAM

Juan Enrique Soto Castro

Me duele el pecho de reprimir la lástima. Ni a mí misma guardo el secreto del porqué busqué lascivia con la que llenar mi vida y mi desastre. A él lo encontré olvidado en un oscuro rincón, bebiendo. Apenas distinguía en las sombras su rostro, que resultó ser hermoso y cruel. Yo le encontré, sí, pero él me llevó a su antojo. Hubo sexo doloroso y me dominó la mente y la entrepierna, descargando en mí su frustración y su joven bestialidad. No hubo palabras. Él leía mi vacío y actuaba. Yo no era yo, no era nadie, no era nada.

Tal cual llegó, le perdí, sin saber siquiera si su nombre era verdadero ni el verdadero color de sus ojos.

Desnuda y sucia dormí sin soñar.
Han pasado casi cuatro meses. Que estuvo en la cárcel, me dijo, pero no el porqué. Yo callé. No me importaba. Sí, sí me importaba pero no decía nada. Deseaba su castigo, su fuerza; que me amara.

Se llamaba Stephen, me dijo. Me enamoré de su nombre, de sus besos y de sus tirones de pelo, de sus bofetadas y de sus acometidas de fuego.


Traía las manos manchadas de sangre. Y las ropas. La mirada perdida y una sonrisa falsa, hermética y cínica que me helaron el alma. No me atrevía preguntar y le lavé llorando. Tenía el sexo también ensangrentado y corrupto el fondo de sus ojos oscuros.

Soltaba podridas carcajadas y me dejó hacer como si de un pelele se tratase. Durmió y murmuró en sueños, pero nada entendí. Le arropé con mi cuerpo y mis brazos. Le acuné con mis escalofríos.


Hoy me ha llevado con él de compras. Vestidos, joyas, flores. Él se ha comprado un coche rápido y rojo. Habla poco. Hasta me ha cogido de la mano y yo, temerosa, osé reposar mi cabeza levemente en su hombro. No se retiró, pero habla tan poco. Hemos paseado por la playa como dos novios. No sabía cómo sentirme. Me agarraba con fuerza a su brazo cuando nos cruzábamos con otros para que envidiaran mi fortuna.

Hacía mucho frío. Las hojas caídas de los árboles me recordaban mi debilidad. No importaba. Sé que hoy ha sido el día más feliz de mi vida. Pero habla tan poco y no sé nada de él. Sólo sé que Stephen es alguien nacido de la muerte y que ha vuelto para vivir en mí, cubriendo cualquier mínima sensación de libertad con un tupido tapiz de grosería y fascinante deshumanización.

He deseado tanto su destrucción y, al mismo tiempo, deseo que jamás se marche. Ya no añoro ser lo que era, pues ahora no soy nada, salvo él, que me es y me vive. Somos ahora todo secretos de alcoba y de espíritu. Secreto en mi pecho su rostro; secreto su miembro en mi interior. Secretos. Secreta su mente.


Una botella de güisqui vacía en la moqueta y su aliento en mi garganta y en mi sexo, en mi destino escurridizo.

Procuré construir murallas y él las hizo suyas castigándome hasta hacerme perder el sentido, el orgullo y la dignidad.

¿Qué me sucede que no soy capaz de despreciarle? ¿Por qué tantas ansias de degollar su respiración?¿Por qué no hundir su cuchillo en mis entrañas y acabar de una vez? Mi vida sin alma. Mi vida sin bien. Mi no vida. ¿Por qué se retrasa tanto? ¡Qué alto suena la música! ¡Calla, cerebro! ¡Le oigo llegar! ¡Es él! ¡Stephen, amor mío!


Me apuntó con su pistola. Sus ojos negros eran fríos como la muerte en soledad. Puso el cañón del arma en mi frente y yo mis manos en su pecho agitado.

¡Hazlo, por Dios! -supliqué.

Él no decía nada. Jamás lo hacía. ¿Cómo era su voz?

Entonces, se echó a llorar. No le comprendí. Le estreché entre mis brazos como a un niño indefenso. Temblaba, se encogía y sollozaba, desaparecía su cuerpo entre convulsiones y le arañé, gritándole, la espalda, llorando sobre la sangre que manaba ridícula. Le golpeé con los puños y lloró aún más y yo volvía a gritarle y a golpearle.

¡Maldito perro! -grité.


Soñé con él, como cada noche. Pero esta vez fue distinto. Stephen me hacía el amor. Sus caricias me provocaban escalofríos. Me llamaba “ángel mío” y besaba mis pechos.

Entonces, comenzó a hablar de la noche, del silencio de la oscuridad, de manos heladas sobre frágiles cuellos, sobre dentelladas en corazones de niños, de la mirada fascinante de la víctima ante el asesino. Me relataba su vida como el feto a su madre a través de un cordón. Me hablaba sobre el indecente camino hacia la traición, sobre el riesgo de la inmortalidad, perdiéndose su mirada en una estúpida sonrisa.

Y desperté. Me declaré culpable y me condené a ser la otra mujer, la que no vive, la que no muere, la fiera despreciada, maltratada, que no puede regresar al pasado, la que no posee tiempo, ni ser, ni la madre que la parió.


Era admirable como el lobo herido de muerte. Era admirable como ese momento que antecede a la oscuridad perpetua. Sólo que Stephen nunca muere. Y yo le pertenezco. Usurpó mi lugar y no me arrepiento en absoluto.

Interpreta un papel tormentoso en nuestra alcoba y lo disfraza de nido de espíritus traviesos y vivos. Susurra amores inconquistables y yo le río carcomiéndome la desesperanza y la frustración. Lloro.


¡Buen viaje, otoño! Me imagino un amanecer en mi alma, pero no escapo de la medianoche. Es mi religión.

Tengo demonios mortales en el pensamiento. Escucho el mar y golpeo teclas en mi piano. Lo tenía olvidado. Pero siempre son las mismas notas. Repito y repito. Repito y repito en un trance turbador.

¡Buen viaje, otoño! -digo a nadie.

Eco desesperado y moribundo. ¡He de acabar con esto!

Adivino una alucinación mientras comienza a llover. Tengo una cuchilla de afeitar bailando entre mis dedos. Siento el ritmo de mi sangre en su filo. ¡Buen viaje, otoño! Detrás de los ojos se encuentra la muerte entre tinieblas silbando como la flauta del peregrino.

Juego con la cuchilla sobre mi cuerpo desnudo.

Quisiera castigarle, pero sólo sé improvisar que le amo y sin amarle no puedo escapar de este infierno que es esta cama nuestra.

Acabé arañando con el filo agudo en el cristal mojado, allá donde se reflejaban mis ojos gastados de tanto llorar, derramando lágrimas estúpidas sobre mi rostro hermoso.

Stephen no ha regresado. Ya son tres días. ¡Me vuelvo loca! Me siento como una cloaca, un grito revuelto en sangre, como una cascada de nostalgia infantil, un huracán desvaneciéndose.

¡Cuánta paz! -me digo, me siento.

Soy como una isla abandonada y desierta, como el lamento del oboe, como la respiración de un bebé dormido, como el sexo fácil, como el artista hambriento y desilusionado.

Después, soy los tambores y las trompetas, el Barroco o los dragones, una francesita sensual, la reina de corazones. Mas no poseo interior. Soy el monte yermo, luna de hiel, depresión. Y me diluyo en mis piernas depiladas, en una seducción sudorosa e indomable que no se calma con el placer que buscan mis manos. Retorno frenético arrepentido mientras ensueño su regreso.


Salpico las hojas con gotas de mi propia sangre. Sale de mi boca. Stephen me ató a una silla y dio círculos a mi alrededor como un perro rabioso.

¡Sostenla! -ordenó colocándome la cuchilla de afeitar entre los dientes, vertical.

Se cansaba mi mandíbula y me cortaba los labios. Él seguía dando vueltas. Yo lloraba y temblaba.

Empezó a hablar de la muerte, del infierno, de pieles desgarradas y de súplicas, de sacerdotes que blasfeman, de doncellas aterradas, de gemidos de animales agonizando.

Le ardía la mente y apretaba los puños. Me golpeó en el mentón. La cuchilla penetró por entre mis dientes rompiéndose y desgarrando los labios, la lengua y las encías. El grito quedó ahogado en esputos. Me desmayaba mientras él me besaba alocado. No era él, ni yo el monstruo.

Perdía el sentido y el dolor. Me tumbó en el suelo, se arrodilló y apoyó su rostro en mi vientre. Respiraba como una bestia. Quedé inconsciente. No sé cuanto tiempo. Estaba desnuda, sucio el pecho y la cara de sangre, el sexo de semen. Stephen yacía acurrucado en un rincón, desnudo y meciéndose.

Babeando, susurraba melodías antiguas, siseaba crímenes horrendos. Tenía yo su cuchillo en mi mano. Me arrastré hasta él y le tiré del pelo. Me mostraba su cuello. Sus venas palpitantes me llamaban. Ahogándose, se reía sin soltar sus rodillas. Quería clavárselo, pero mi brazo en alto era de hierro y no podía doblarlo. Él seguía riendo como un demente.

Me ardía la boca y el corazón, los recuerdos y las confesiones, el espíritu.

Harto de mi juego estúpido y cobarde, Stephen me arrebató el cuchillo agarrándolo por la hoja, sin pestañear, gozando con el corte. Me empujó. No deseé defenderme, no deseé vivir. Sólo la destrucción total del alma, sólo dormir por fin.

Le supliqué con mis manos, con mi aliento, con desesperación, con mis heridas abiertas. Hundió el cuchillo y no me dolió porque fue en su propio costado. Y lo hizo despacio, sonriendo como un jilipollas, hasta la empuñadura, rasgando después hacia el otro costado. Salió tanto calor de él, tanto hedor y entrañas, tanta perdición.

Le abracé, le apreté, sujeté sus manos, rogándole, amándole, despreciándole. Me bebí su sangre y su vida, su monstruosidad y, por fin, me bebí su descanso y el mío.


El cumplimiento de un sueño. Objetivo Jordania.

María Jesús de la Salud Alfaro

Los sueños son algo innato en la naturaleza del ser humano. Cuando lo hacemos despiertos y en voz alta, siempre hay alguien que enseguida nos saca de ese estado de fantasía diciéndonos, ¡pon los pies en el suelo! Sin embargo, yo opino que no es malo soñar, todo lo contrario, mediante el sueño uno puede superar todos los obstáculos e impedimentos que la dura realidad hace imposible poder vivir algunas experiencias.

Ahora me gustaría soñar, por supuesto despierta y además en voz alta y eso es lo que voy a hacer, contároslo.

Mi gran sueño…viajar a Oriente Medio, concretamente Jordania.

Todo empezó de una manera casual, el objetivo era visitar Petra, ese destino quedó pendiente en mi viaje a Egipto por dos motivos, uno era la falta de tiempo, ya que el viaje se prolongaba excesivamente y segundo, como siempre el dinero, era un viaje que ya resultaba caro, como para añadirle más guindas…

Así es que mi propuesta actual es Petra. Pero este, no es sólo un destino sino además es un objetivo, Yo, sola… a un país en el que culturalmente las mujeres tienen muchos obstáculos, vaya ¡Todo un reto! Al menos para mujeres como yo, occidental, “independiente”. ¡JA!

Esto es como a los niños cuando por primera vez sus papás les dejan ir solos a pasar la tarde con sus amiguitos. Visto desde otros ojos, quizás ojos adultos, sería lo más simple del mundo, sin embargo para el niño, es su gran escapada, su gran experiencia. Con el tiempo podrá comprobar que no era, ni tan glorioso, ni tan difícil, ni muchísimo menos algo insalvable.

Así es que repito, yo sola, Pero… Tengo un problema que tengo que solucionar en mi sueño, que para algo sirven, y es que soy miedosa. Pero es mi reto personal y tengo que conseguirlo. Porque después me pasará como al niño, ¡que no era para tanto!

Pues manos a la obra, no sé por donde empezar. Busco convulsivamente en Internet, pregunto a mis compañeras, algunas tienen costumbre de viajar solas, no sé que fechas, no sé ni cuando ni como, pero eso ya lo resolveré. De momento viajo con la ilusión y con mi sueño, que algún día se hará realidad y espero y deseo que sea pronto.

Mi viaje comienza como siempre, en el Corte Inglés, en la librería, comprando una guía de viajes. Me pasó un buen rato escogiéndola, analizándola, me gusta que además de que su contenido sea el que yo busco, sea cómoda y manejable ya que ella va a ser mi compañera y nunca mejor dicho mi guía.

A continuación no me la leo, me la estudio, para mí es importante “reconocer” los lugares a los que voy, no que cuando llegue me los presenten. Cuando visito un edificio, un monumento, un parque, lo que sea, me gusta tener una idea de lo que me voy a encontrar, y así poder saborear eso que yo había imaginado.

Preparo con cuidado mi propio diario de viaje, donde pongo toda la información que he conseguido, la ordeno según el itinerario previsto, destinos, lugares para comer, dónde vamos a dormir, recorridos a realizar en los ratos libres, etc.

Eso me ayuda mucho a no perder allí ese escaso y maravilloso tiempo del que dispongo, porque por desgracia, el tiempo del viajero siempre es poco.

Cuando tengo preparado el diario de ruta, normalmente hago copias para cada uno de los compañeros de viaje, cuando lo ven se asustan y se agobian pensando todo lo que tienen que hacer cada día. Yo a continuación aclaro, que no es más que una programación y que desde luego, está para saltársela siempre que haga falta.

Bueno, lo importante que es la organización ya la tengo, luego viene ese rollo del equipaje, nunca sabes bien qué llevarte, si hará frío, si hará calor, el por si acaso, que ocupa más que todo lo necesario y por supuesto el botiquín. Bueno pues ya está todo.

Al final hemos decidido que nos vamos Marta y yo. Marta es mi hija tiene 19 años y es una tía estupenda. Le pasa un poco como a su madre que no es excesivamente valiente, e intenta disimulárselo incluso a ella misma. Pero tiene una ventaja a su favor y es que es bastante despreocupada, por lo tanto hay veces que no se preocupa ni de sus propios miedos.

Ahora ya, en mi sueño he resuelto mentalmente todos los asuntos de intendencia y de organización. Ya está, lo he conseguido y viajamos…

Ya estamos las dos subidas en el Royal Jordania de turno que nos lleva derechitas a nuestro destino.

Hemos llegamos a Amman, una vez que hemos pasado todos los controles de rigor en el aeropuerto, nos dirigimos a la parada de taxi más cercana, queremos tomar uno que nos lleve al hotel que previamente hemos reservado por Internet, eso de las nuevas tecnologías es estupendo.

Al fin podremos desentendernos de todo el equipaje que llevamos, pues aunque hemos procurado que no sea excesivo, nos damos cuenta de que vamos cargadas como verdaderas mulas.

El taxi nos deja en la dirección que le hemos indicado y… Me encanta, el hotel es tal y como me lo habían descrito, sin lujos, pero no los necesita, su decoración es totalmente propia de un país árabe, los adamascados, las alfombras, las lámparas de orfebrería, y tiene todo el colorido que le caracteriza y la enriquece. Dispone de un patio interior, que es el centro de todo el edificio, tiene una gran fuente central con pequeños chorritos de agua cristalina que consiguen crear un suave rumor.

Me contaron en una ocasión que en los grandes Palacios, como el de Topkapi en Estambul, estos chorritos se colocaban en las jambas de las ventanas, con ello conseguían que la brisa que entraba por el ventanal, refrescara la estancia y además el susurro que generaban impedía que desde fuera se oyeran las conversaciones de estado que el Sultán tuviera en el interior.

Nos sentimos las reinas, bueno las sultanas, respiramos hondo y ya empezamos a notar esa mezcla de olores a perfumes y especias, tan característico de los países árabes. Cierro los ojos y me sumerjo en el aroma.

Hoy estamos cansadas y aprovecharemos para descansar y tomar un buen baño turco en un “haman” si, he dicho bien “baño turco” aunque estamos en Jordania, estos baños públicos son uno de los múltiples restos culturales que dejó el imperio otomano, no en vano creó en estas tierras uno de los imperios más grandes del mundo.

Es la mejor forma de comenzar nuestro viaje, es un baño purificador, no solo en el aspecto corporal, también en el espiritual. Aquí hacemos nuestra transformación de mujeres occidentales a orientales.

Entramos las dos y nos dirigimos al baño de mujeres. El Haman es toda una parafernalia. No es sólo un baño, es además un centro social para las musulmanas.

Somos recibidas en la entrada por una muchacha de aspecto encantador que nos facilita algo parecido a una toalla para cubrirnos, de allí pasamos al sogukluk, que es la sala intermedia y templada, previa al hararet que es la sala caliente, que a nosotras nos recuerda una sauna.

Me viene a la memoria que cuando era pequeña en el Balneario de Fitero, pueblo de Navarra, de donde es originaria mi familia materna, mi tío nos llevó a conocer “el infierno” es el río subterráneo de agua caliente que alimenta sus instalaciones y recuerdo perfectamente la bofetada de calor y humedad que sentí al entrar en esa especie de balconcillos que lo rodean. Por cierto el origen del Balneario es árabe, ¡curiosa coincidencia! Pues esa es la misma sensación que se experimenta al entrar en el hararet,

Además de un lugar para el baño, es un centro social para las musulmanas. Al entrar nos miran con curiosidad, no es habitual que se encuentren con europeas, pero enseguida percibimos la amabilidad de sus miradas.

El hararet es una sala toda cubierta de mármol, en el centro hay una plataforma circular elevada también de mármol, que está justamente encina del horno que calienta el haman. De vez en cuando nos vamos refrescando echándonos agua fría, con una de las palanganitas que hay alrededor.

Nos tumbamos sobre la piedra calentita y nos dieron un reconfortante masaje por todo el cuerpo, fuerte e intenso.

Como centro social que es, se presta a la comunicación y al diálogo, entre ellas se cuentan los últimos cotilleos, las madres con hijos casaderos buscan cual puede ser la posible novia para sus hijos….nos encantaría participar de su conversación, pero como no sabemos árabe, no parece que sea fácil.

Cuando llevábamos un buen rato y sentíamos como se nos abrían los poros por el calor del baño, se nos acerca una muchacha joven que para nuestra sorpresa se dirige a nosotras hablando un correcto castellano. No lo podemos creer, por fin podemos relacionarnos. Su nombre es Zahara y nos cuenta que está estudiando filología española en Barcelona, ¡Pero que casualidad! ya que Marta también estudia en Barcelona, a partir de entonces no paran de hablar de lugares conocidos y en los que podían haber coincidido.

Zahara es encantadora, y nos cuenta cómo en otra época, los baños los utilizaban las mujeres del harén de palacio. Venían acompañadas de sus sirvientes que traían todos los utensilios necesarios, como toallas bordadas, jofainas de oro y plata con incrustaciones de nácar. Ahora los utensilios evidentemente son bastante más sencillos y los recoges en taquilla, no hay sirvientes que nos los faciliten. Pero no tiene ninguna importancia nosotras nos sentimos como las mismísimas princesas.

Nos despedimos de Zahara, con un poco de pena, ya que nos hubiera gustado pasar más tiempo con ella, hubiera sido nuestra guía personal. Ya nos retiramos a descansar, el día ha sido duro y el masaje-paliza más. ¡Pero hemos salimos nuevas!

Son las 5 de la mañana y con el primer rayo de luz, y es que en Jordania amanece muchísimo antes que en Alicante ya que está situada más al este, esto es Oriente, nos despierta la primera llamada a la oración del día ¡impresionante! Tenemos un minarete situado a escasos 500 m, y parece que nos canten en la ventana, especialmente para nosotras. Vuelvo a ser consciente de donde estoy realmente.

Hoy vamos a empezar nuestro recorrido por Ammán, esta es una ciudad moderna, casi europea, no tiene excesivo interés para nosotras por lo que nos decidimos a visitar por la tarde el Monte Nebo, con el fin de poder disfrutar de la puesta del sol.


Han pasado muchos siglos y ha habido mucha historia por medio, pero una vez en la cima de la colina imagino lo que debió pensar Moisés contemplando desde aquí La Tierra Prometida, el Valle del Jordán y el Mar Muerto. Vuelvo a cerrar los ojos un momento e intento transportarme en el tiempo…...cuando los abro quedo impresionada con la visión que tengo delante, es la puesta del sol más increíble que he visto en mi vida, y he visto unas cuantas. La pureza que hay en el aire, hace que la visión sea completamente transparente. ¡relajante!

Vuelvo a la realidad y nos montamos en el taxi que nos ha traído, que dicho sea de paso más parece también de otra época que no del siglo XXI.

Nos disponemos a cenar, el camarero nos trae la carta, como si entendiéramos el significado de los platos que nos presenta, están escritos en árabe. Nos encontramos en otra nueva aventura aunque en esta ocasión gastronómica. En fin, no lo pensamos más y de una oferta de diez platos distintos, hemos decidido el cuatro, el seis y el ocho, mañana nos decidiremos por los impares, nos gustan las sorpresas.

La elección no ha podido ser mejor, y los platos han pasado de ser un número, a tener un nombre propio. El nº 4 ha pasado ha ser “Patlican Salatas”, o sea, ensalada de berenjenas, no estoy segura pero creo que debían estar previamente asadas y después muy picadas y de lo que si estoy segura es que llevaban un poquito de salsa de yogurt y trocitos de aceituna negra por encima, también picadita. Tenía un delicioso aroma a aceite de oliva, también muy mediterráneo.



El cumplimiento de un sueño. 2 Parte.

María Jesús de la Salud Alfaro

El plato nº 6 también tenía nombre, “Sis Kebab”, bueno lo de Kebab era una pista, ya que ahora ya los kebabs, se han hecho internacionales, pero lo que no sabíamos era que llevaba cordero, aromatizado con gran cantidad de especias, que desconocemos y que tenemos que descubrir.

El plato nº 8, ¡el postre, riquísimo! Que bueno, llevaba crema de leche y almendras picaditas, sobre un hojaldre delicioso, que los árabes trabajan como nadie. Al recordarlo se me hace la boca agua. ¡Por cierto! Su nombre era “Kaymakli Kayisi” que luego nos enteramos en nuestra guía decía que se llaman “Damascos a la crema”. El nombre ya es precioso.

No sé que será de los impares, pero los de hoy eran exquisitos. Las especias seguro que las conseguiremos en algún bazar. Así sorprenderemos a nuestros invitados en casa, cuando les larguemos el rollo de las fotos del viaje.

Hemos rematado nuestra cena, con un té moruno, es té de menta, muy azucarado y bien calentito, lo hemos saboreado y repetido hasta vaciar la tetera, nos encanta el té y toda su parafernalia.

Y mañana….el gran objetivo Petra, hemos contratado un servicio de taxi que nos recogerá mañana a las 6:00 de la mañana en el hotel para llevarnos a la estación de autobuses. El autobús rumbo a Petra sale a las 7:00, espero que no nos quedemos dormidas.

¡Dormidas, Imposible!, no hemos pegado ojo en toda la noche preocupadas por el taxista, ya que sabemos de la tranquilidad que caracteriza a esta cultura, esperamos que llegue a tiempo.

Nos hemos levantado con tiempo suficiente para una buena ducha y un desayuno reparador, aunque hay que decir que aquí el café que se toma es café arábigo, pero, es tan fuerte…me arrepiento de haber decidido a última hora sacar de mi maleta el tan socorrido frasco de Nescafé. Pero bueno, está calentito y es estimulante.

Justo cuando terminamos de desayunar, como siempre demasiado, me avisa Marta que ha llegado nuestro taxi, ¡bravo! Vamos con tiempo suficiente.

De camino a Petra pasamos bordeando el Mar Muerto que vimos ayer de lejos desde el Monte Nebo. Es el lugar geográfico más bajo del planeta y tiene tal concentración salina que es imposible sumergirte, siempre flotas, que sensación más extraña.

Llevamos toda la mañana de viaje y el calor aprieta, pero a eso del mediodía hemos llegado. Petra, ciudad de piedra, es impresionante. Pero… me resulta tan familiar, que por fin re-conozco, lo que he visto tantas veces en fotos, reportajes, guías turísticas y por supuesto es espectacular. No me defrauda.

Su color rosado es tan característico, y además se ve realzado por la luz del sol de mediodía. Es tan intenso que daña la vista. Una vez salimos de nuestro asombro, empezamos a recorrer el desfiladero de más de 1 km, nos vemos tan pequeñitas dentro de la montaña, que impresiona.

Los alrededores están llenos de excavaciones arqueológicas, me imagino a Agatha Christie, en uno de sus múltiples viajes a Petra ayudando a su prestigioso marido en alguna de las muchísimas prospecciones que realizaron. También me la imagino escribiendo desde aquí una de sus famosas novelas de misterio, ya que el entorno es propio para una y cien novelas de todo tipo.

Hemos decidido quedarnos esta noche en el Hotel más próximo, para volver mañana y pasar el día y poder saborear tranquilamente esta maravilla, ya que una vez cojamos el camino de vuelta, le diremos adiós a este espectacular trabajo realizado por la mano del hombre hace más de 2000 años, ni más, ni menos.

Volvemos a subir en el autobús de vuelta a Amman, con mucha tristeza, aún después de que ayer estuvimos alegrando nuestra vista durante todo el día, paseando por aquí, sentándonos y observando por allá, intentando guardar en la retina cada uno de los rincones que hemos visitado. Aunque sabemos que con el tiempo esa visión se irá disipando, para recordar nos ayudaremos de los carretes de fotos que hemos gastado y por supuesto todos los detalles que Marta a dibujado, que no son pocos, en su “Cuaderno de ruta-gráfico”, ya que no en vano tiene ese gran interés por la arquitectura y esa mano de artista que Dios le ha dado y que a mi tanto me gusta.

Yo por mi parte, voy relatando en mi “Cuaderno de ruta”, todas las sensaciones e impresiones que soy capaz de describir, aunque en el fondo tengo la clara consciencias de que nunca será posible transmitir mi experiencia, pero me ayudará en el recuerdo.

Bueno, ya de vuelta en Ammán tenemos todo un día para visitar alguna mezquita y por la tarde iremos de “shopping”.

Hemos llegado a la Mezquita de Abu Darwish en el alto del monte de Jebel. El interior de una Mezquita siempre impresiona, ya sé que son salas abiertas y totalmente exentas, sin distribuciones o pocas distribuciones interiores, pero tienen esa paz interior que tanto reconforta. Debe ser la fe de los fieles que la visitan, o precisamente esa austeridad tan adornada por otra parte, con sus relieves en las paredes, los grabados multicolores y los arcos y cúpulas tan impresionantes.

Menos mal que hemos sido precavidas y llevábamos en nuestras mochilas unos calcetines de deporte y unas chilabas, ya que ya sabíamos que había que entrar descalzas y con la cabeza y piernas cubiertas, así que nos hemos puesto tan monas, dejamos nuestro calzado fuera y….. adentro.

Nos hemos sentado en un rinconcito discreto apoyadas en una de las gigantescas columnas y nos quedamos un buen rato, yo observando y escribiendo todo lo que ocurre a mí alrededor y Marta libreta en mano, dibujando todos los detalles que le impresionan, que no son pocos.

Esta es una de las grandes ventajas de viajar por nuestra cuenta y no en un viaje organizado, podemos invertir aquí, el tiempo que queramos. También en las Mezquitas, como en el haman, está el lugar destinado a la oración de los hombres separado del de las mujeres. Esta no es un baño sino un lugar de culto religioso, donde la fe se funde en una sola, pero…… no juzgo, solo observo.

No estaba previsto pero al final hemos decidido que nos vamos de aventura al desierto de Wadi Rum, hemos contratado un chofer que nos hará las veces de guía, y nos adentraremos en el desierto de Sir Lawrence Olivier, pero en lugar de ir a lomos de un camello lo haremos sobre un modernísimo vehículo 4x4.

Vamos a necesitar equipamiento adecuado, ya que dentro de nuestros planes hemos incluido pernoctar en la jaima de una familia nómada de beduinos. Tengo la impresión de vivir este sueño tan intensamente, que si me encuentro una lámpara en el desierto no pienso frotarla, no ocurra a la inversa y vaya a volver de repente a la realidad.

Lo hemos preparado todo, nos hemos comprado un saracoff cada una, para prevenirnos del sol, nuestras gafas, crema protectora y un buen jersey para la noche, ya que nos han advertido que pasaremos frío. El resto del avituallamiento lo ha preparado nuestro chofer que es un especialista en la materia, por cierto su nombre es Kemal.

Nos levantamos como siempre en estos últimos días, tempranísimo, ya que aunque el trayecto no es demasiado largo, no queremos pasar demasiado calor durante el viaje.

Nos cuenta Kemal, que en la zona del desierto de Wadi Rum, se encuentran los restos de las legendarias y Bíblicas Sodoma y Gomorra. No en vano estamos en el punto de partida y origen de las religiones hebreas.

Cuando llegamos a este impresionante desierto de arena dorada, una gran sensación de libertad se apodera de nosotras, debe ser algo que transmite el ambiente, no hay obstáculos de ninguna clase, solo viento y arena, ambos fluyen con toda libertad, sin impedimentos, ni el uno ni el otro se dejan conducir ni atrapar, intentamos tomar un puñadito de arena entre las manos y esta escapa entre nuestros dedos, recuperando su libertad.

Nos reciben con la cortesía y amabilidad que caracteriza al pueblo árabe en general y a las tribus beduinas en particular. Nos recibe el patriarca y nos saluda – “Ahlan wa sahlan” – (siéntete cómodo como en familia). Por supuesto nos la traduce Kemal, y hay que apreciar el sentido tan cordial de la frase. Si teníamos alguna reticencia, hace que aflojemos todas las tensiones de nuestro cuerpo y empecemos a disfrutar de tanta hospitalidad.

Y como es tradición, el Té, si normalmente elaborar un buen té moruno es un ritual, aquí ya se convierte en algo selecto. En la jaima el té constituye el centro de la vida del clan, todos se reúnen alrededor en una continua tertulia. Existe un gran respeto tribal por los ancianos y los jeques, se caracterizan por sus buenos modales.

A pesar del machismo que es tan evidente, en general a las mujeres extranjeras se las trata como varones honorarios. Así nos sentimos nosotras, rodeadas de todos los honores.

Por la noche, nos vamos Marta y yo con una alfombrita cada una a admirar el cielo, nunca hemos visto un cielo tan limpio y estrellado. El silencio es absoluto, sobrecoge, de vez en cuando un pequeño silbido del viento nos hace salir del trance. Nunca hemos vivido una sensación similar. Cerramos los ojos, y esperamos que en cualquier momento nuestra alfombra se eleve y que dentro de nuestro trance nos haga flotar.

Bajamos al mundo real y tumbada en el catre, un poco incómodo por cierto, me vienen a la cabeza todas esas mujeres legendarias que se atrevieron a aventurarse por estas tierras hostiles, sobre todo para las mujeres europeas, allá los siglos XVIII y XIX.

Aunque bien es cierto, y no es por quitarles mérito, que las condiciones en las que viajaban eran las de las damas inglesas de la época y que iban acompañadas de verdaderos ejércitos, no solo militares sino de criados, los cuales complacían todos sus deseos, desde que no faltaran las mejores viandas en sus mesas, hasta prepararles todos los día en bañeras portátiles, un reconfortante baño calentito. Así también me gustaría a mí. No quiero que parezca una queja, todo lo contrario, mi viaje es distinto, pero maravilloso.

A la mañana, otra vez madrugón, queremos ver la salida del sol. Habrá algunas estupendas, preciosas, pero una salida del sol, en pleno desierto, con un colorido tan espectacular, con el oro del sol, las dunas de arena roja, el horizonte claro, sin límite y el silencio absoluto, es una experiencia que no se puede describir con palabras, por lo menos humanas. Los dioses deben tener su propio vocabulario para hacerlo ¡es indescriptible! Pero todo se acaba, nos despedimos de nuestros anfitriones, y volvemos a Aman


Y por fin… el Zoco. Los zocos, mercados y mercadillos me transforman ¿quién lo diría? Yo que odio las compras. En Alicante si alguien quiere estropearme la tarde, es diciendo ¡vamos de compras!. Me horroriza y me deprime. Sin embargo los zocos son mi locura, sacan de mí una faceta nueva y distinta. Para empezar el tipo de artículo que ofrece, y no lo puede entender, me encanta, la orfebrería, la plata, los tapices, las especias, y ya si además en el puesto te ofrecen un té, para que queremos más.

¡Y el regateo! No hay nada más apasionante, hay momentos en que me entusiasmo de tal manera que ya no sé si bajo o subo el precio, pero me lo paso en grande. Vamos y si a mi me gusta, para Marta es la locura, menos mal que los zocos tienen un horario y cierran, porque no encontramos el momento de desengancharnos.

Estoy convencida que esto no deja de tener un aspecto más social que consumista, es otra de las pocas ocasiones que tenemos los turistas para tratar con la gente del lugar. De acuerdo que es una relación puramente mercantil, pero tiene una gran dosis de juego y estrategia. Por otra parte se desarrollan unas habilidades extraordinarias a la hora de generar comunicación, sobre todo teniendo en cuenta la gran barrera que es el desconocimiento del idioma.

Una vez salvadas todas las barreras logísticas, resulta que hemos comprado recuerdos, regalos y mil cachivaches que ya veremos qué hacemos con ellos, pero es tan divertido…

Cuando nos vamos nos damos cuenta en el último momento que necesitamos comprar un bolso nuevo de viaje, ya que todo lo que hemos comprado no nos cabe en nuestras maletas. Regateamos lo justo o cierran el zoco con nosotras dentro, la bolsa es preciosa de cuero repujado, con el olor característico del cuero nuevos, parece sacada de una película de Indiana Jones.

Y como todo lo bueno se acaba, mañana nos vamos, tristes pero con una gran satisfacción interior por haber conseguido “vivir un sueño”. Ha sido maravilloso.

Hemos llegado a Alicante, miramos por todas partes y Marta es la primera en verlo aparece, guapo, arrogante, con el porte propio de los mismísimos tuaregs del desierto, con esa caballerosidad que lleva en el porte. Y esa belleza interior que le sale por todos los poros…Es nuestro chico, así lo vemos nosotras, estupendo, no en vano somos su madre y su hermana.

Ahora esperamos que no pase demasiado tiempo antes de convertir este maravilloso sueño en una realidad, hoy por hoy solo existe en nuestra imaginaria realidad y por supuesto no es “insalvable” ya conocemos, el poder y la fuerza de los sueños, cuando estos se quieren conseguir realmente.

En adelante tendremos que luchar para conseguir que este sueño se convierta en una realidad vivida con la misma ilusión, esperando que una vez vencidos nuestros miedos, no nos decepcione. Ese será en adelante nuestro objetivo. “Objetivo Jordania”



Es domingo

Margarita Peña Torres

Es domingo. Como decía aquél amigo de cuando yo tenía una vida nocturna algo intensa, los domingos son tristes. En aquellos días recuerdo como le discutía y como me empeñaba en hacerle ver que los domingos eran días especiales. Y ahora me veo aquí, en esta cama tan de domingo y no puedo dejar de reconocer que realmente son días para retorcerse de tristeza y melancolía.

Me levanto, sumergida en una especie
de obligada vitalidad. Abro las cortinas que ocultan la callecita vieja donde vivo, en la que el sol entra en forma de triángulo dividiendo el estrecho espacio en luz y sombra. De la tienda de Doña Carmen, esa señora seria que vive desde hace tantos años entre caramelos y colores, sale el niño de la casa de enfrente con su perro pequeño. Los dos saltando, los dos sonriendo. Corren calle abajo hacia el parque dejando a su paso un susurro de alegría que llega hasta mi ventana, rebotando y cayendo nuevamente hasta desaparecer de mi domingo, de mi casa. Desde la ventana justo frente a la mía, se evaporan a la atmósfera las notas superpuestas y armónicas de una canción de jazz. Entorno un poco la ventana para que se paseen por mi espacio y poderlas al menos tocar ligeramente. Me encanta perderme así en esta balsa musical que me tiende la mano y me invita. Cierro los ojos y floto entre las líneas del pentagrama que me acompaña. Siempre me gustó tanto escuchar las músicas de los otros, la que se escapa de la intimidad de otras gentes, las que eligen los domingos tristes de verano.

Termina la canción y lentamente cierro la ventana, en una especie de gesto que me acerca a la realidad y al hecho de que mi cuerpo quiere algo de mí. Tendré que fabricar mi propio día. Tendré que hacerme responsable de éste día desbocado y tomar las riendas de las horas que quedan hasta mañana. Desayunaré, en la mesa grande, para poder desplegar un poemario nuevo que compré hace unos días mientras paseaba por las calles del puerto y ese mapamundi que le quité a mi sobrina donde tengo pensado marcar el próximo viaje a cualquier parte. Donde caigan más migas de pan y galletas. Eso haré. Comeré sobre el mundo, y dejaré que el azar hablé por mi. No haré trampas, comeré por todas partes. No valen los grandes océanos. Consideraremos, querido mapa, que las migas que caigan sobre tus aguas son para alimentar a tus peces, que vigilarán con sus ojos planos y sus bocas de papel el cielo desde donde yo los miro.

Entro en la cocina. Lleno un calentador de agua. Enciendo el fogón pequeño, con una cerilla que al frotarla y transformarse en fuego, hace ese ruido de fiesta que me encanta. Mientras el agua se calienta preparo la mesa grande, la del salón, la que da a las ventanas, la que parece más alegre. Vuelvo a la cocina y preparo una bandeja para transportar el desayuno. Lleno la bandeja, preparo el té y me dejo arrastrar por el hambre mientras voy pensando qué música elegiré para esta mañana de domingo. Dejo la bandeja y enciendo la radio, para volver a escuchar esa música nacida de la mezcla de otras músicas que canta esa mujer de voz suave que nunca recuerdo el nombre o más bien la llamo con cualquier nombre, a veces incluso con el suyo. Ya está, ya suena. Me siento, abro el libro y abro el mapa. No sé por donde empezar. Sorbo un poco de té amargo y verde. Leo un pequeño poema de una página abierta al azar y me pierdo en los últimos versos...hace tanta soledad, que las palabras se suicidan...y de repente me quedo quieta, como si todo hubiese desaparecido y sólo quedáramos en la casa el aire, los versos y yo. Nos rodeamos, nos miramos y nos hacemos daño. Ráfaga de recuerdos de otros versos dañinos de otros tiempos. Hoy me dolió Alejandra y el domingo. Me tiembla un poco el día. Dejo el libro a un lado aunque todavía me rodea lo leído. Sigo bebiendo el té algo distraída mientras como alguna galleta crujiente que se deshace por la mesa. Veo el mapa en forma de pergamino y me decido a abrirlo, como un cambio de tema. Bendita vitalidad que me salva de vez en cuando. Lo estiro como puedo ayudándome de objetos que encuentro por la mesa. Por fin lo veo al completo, el mundo.
Sigo comiendo galletas con los ojos cerrados sobre el mapa a ver si sale algo lindo de todo esto. Tras dos galletas y un poco de pan, abro un poco los ojos y observo como va quedando el mundo que tengo sobre la mesa. Es un desastre absoluto. Casi todo en el mar y algún pequeño cúmulo en el polo sur. Tendré que hacer trampa. Soplaré con un viento mío que me lleve a lugares hermosos, de alegres domingos, de fiestas de gentes que se quieren y no leen poesía o que no les importa o que no la entienden. Soplaré hasta que las montañas detengan los restos de éste desayuno algo triste de domingo...


Tus besos

Cristina González

El sol comenzaba a brillar con fuerza a través de la ventana de nuestra habitación de un motel de carretera. No sé exactamente ni cuándo, ni cómo llegamos allí. Solo recuerdo tu olor envolviéndolo todo. Tus manos arrastrándome con fuerza al interior del baño de una discoteca que jamás estuve y a la que jamás volveré. Recuerdo tus ojos mirándome con una mezcla de deseo y odio, como nadie hasta entonces me habían mirado. Recuerdo ese primer beso robado, y el siguiente y el siguiente ¿Cómo olvidarlos? Han quedado marcados con sangre en mi piel.
Mis labios te suplicaban un no que tu trasformabas en un sí y poco a poco me hacías más tuya, hasta que abandonaba mi cuerpo a tu deseo, o quizás nuestro deseo. Porque no sé cuando ocurrió, quizás fue un año antes, o quizás esa misma noche. No sé cuando te empecé a querer y cuando dejé de hacerlo. No sé cuando ese amor se convirtió en asco y cuando regresó el deseo.
Solo sé que al despertarme esta mañana, me abracé a ti, y lloré de nuevo aceptando la condena a la que tus besos me habían devuelto.


55%

Irene Sánchez

Como siempre, en el Levante español no hubo primavera. Del invierno se pasó al verano. De 18º a 30º. Y como en todos los hogares de la zona, en el que nos ocupa, el vestuario cambia de residencia. Las prendas finas y frescas pasan a primera línea.
- ¡Ah! Por fin llegó el buen tiempo...
La fina camisa de seda, con un alto nivel de transparencia, notó cómo flotaba. Libre por fin de los apretujones de sus compañeras de armario.
- Me has tenido metida con esa chusma desde hace casi siete meses...
Ella sabía perfectamente que su dueña no le podía escuchar, y no le importaba lo más mínimo que el resto de vestuario estuviera pendiente de sus palabras. ¡Chusma!, Esa creída nos ha llamado chusma... ¿Es que nadie va a decir nada? –La camiseta blanca, de algodón, estaba que trinaba.Calma compañera –era la chaqueta negra la que hablaba- su vida va a dar un gran cambio. Va a pasar muuuucho tiempo colgada, si no la ponen directamente en la bolsa que hay preparada para Cáritas. Y allí nadie la creerá útil. La pobre gente a la que acogen y regalan la ropa que reciben, no entiende de modas sensuales. Para ellos nosotros, el vestuario, servimos para lo que fuimos originalmente creados: para cubrir el cuerpo. Es posible que no les sirva ni de trapo de limpieza. ¡Oh! –La exclamación fue general. Y todos miraron hacia la camisa de seda, que ya estaba ronroneando, al sentir la piel fresca y recién hidratada de su dueña. No había escuchado nada de lo que decían sus compañeros. Todo el vestuario escuchaba siempre, con atención, las palabras de la chaqueta negra. Ésta era lo suficientemente suave como para no dar demasiado calor en verano, pero se le veía la prestancia necesaria para poder utilizarla en invierno, sobre un suéter y bajo un abrigo. Así que se pasaba la vida junto a su dueña. Por eso sabía bien de lo que hablaba.Cuéntanos, cuéntanos. ¿Qué crees que va a ocurrir?Nuestra dueña ha estado en un curso sobre excelencia en la comunicación profesional. La chaqueta guardó silencio... de momento nadie habló. Todos sabían que era parte de su puesta en escena. Pero esta vez el silencio fue muy largo. Estaba recordando su asombro cuando, en el primer día de curso, escuchó a la profesora de imagen personal decir:
“Lo importante de la imagen no se ve. Es el bienestar, debido a un organismo saludable y una buena relación con los demás y con uno mismo. Un signo externo de ese bienestar es el cabello. En él se refleja el estado de cada persona. Dentro de la propia genética, el cabello está más brillante, fuerte y sano cuando hay equilibrio mental y físico en la persona. Porque es una parte del cuerpo humano que la Naturaleza sabe que no sirve para nada. La piel es otro marcador importante de cómo está el organismo. Por muchas cremas que se utilicen, la mejor manera de mantenerla en perfecto estado es comer adecuadamente, hacer ejercicio para que la sangre fluya y nutra la piel de la cara, y una actitud positiva y activa (proactiva), que le da una luz especial a todo: cabello, ojos, piel, y postura corporal.”
Una voz sacó a la chaqueta de su ensimismamiento:¿Y? -La camiseta negra, que hablaba poco y no solía interesarse por nada, asombró a todos interviniendo- Yo también estuve allí, como muchos de nosotros. No veo la relación.No asistí a todas las clases, pero las dos que presencié auguran el final de la estancia, en este vestidor, de muchas prendas. Y otras, que hasta ahora han sido muy utilizadas, lo serán mucho, pero que mucho menos.¿A qué te refieres? – Dijo con su habitual altanería el pantalón vaquero. Se sabía el rey del vestuario. Había salido con todas las camisas, camisetas y chaquetas de la comunidad. Y con casi todos los zapatos.Tú vas a ser uno de los más perjudicados, si nuestra dueña se reafirma en sus conclusiones. Y sabes que te aprecio, hemos pasado muy buenos ratos juntos.Todas las prendas, sin excepción, se quedaron pensativas. La chaqueta negra no solía hablar por hablar.Es más, es muy probable que yo me marche a casa de alguna compañera o amiga de la familia.¿Qué? –La exclamación fue, esta vez, de incredulidad- ¿Tu?Sí, yo. – Para alegría de todos, la chaqueta comenzó su explicación- A nuestra dueña le han abierto los ojos en este último curso. Como os dije, yo solo asistí a dos clases. En la primera, hablaron de la imagen durante casi dos horas ¡Sin nombrarnos!¿Cómo puede ser? Siempre que nuestra dueña habla con amigos de la imagen, su conversación gira alrededor del peinado, el maquillaje y, sobre todo, de nosotros. -La delicada chaqueta blanca hablaba despacio, casi se diría que estaba un poco por encima de todos. Era la que más salía de casa: Se pasaba la vida yendo y viniendo de la lavandería.Les preguntaron a todos los asistentes al curso, si creían que la imagen era parte del proceso de comunicación. Cuando todos estuvieron de acuerdo, les explicaron que el 55% de influencia era para la apariencia, y que en ella, jugaban un papel tan importante los hábitos de comer, beber continuamente traguitos de agua, respirar bien, y hacer ejercicio como ‘los códigos visuales’. Así nos llamó al vestuario, el peinado, el maquillaje y los complementos. “La apariencia sana de la piel y el cabello, y una buena postura corporal –continuó-, son debido a una vida física y mentalmente sana”.¿Y el resto, hasta el 100%? – Preguntó la camisa blanca de manga larga, que estaba colgada holgadamente en el ‘burro’. Estaba recién planchada y se le veía preciosa.El 7% se lo llevan las palabras.¿Sólo?- El top rojo no daba crédito a lo que escuchaba. ¡Ja! Con lo engreídas que son...Pues sí, yo también me asombré. Y el resto es para el lenguaje paraverbal: Sonidos, silencios, entonación, etc.Al grano, al grano –la chaqueta vaquera estaba nerviosa- ¿Qué va a suceder para que haya tanto cambio como auguras?En esa primera clase, y después de que todos los asistentes confirmaran su creencia de que la imagen era una parte muy importante de la comunicación, les llamaron la atención sobre la paradoja de que ningún ser humano tuviera en cuenta, cuando iban a comprarnos, qué comunicamos. ¡Es cierto! – El vestido de tirantes intervino con su voz chillona- Siempre que me elige hay revuelo en el despacho.Preguntaron también –continuó la chaqueta- qué cualidades deseaban transmitir en su trabajo. Y les pidieron que unieran texturas, colores, peinados y piezas de ropa a cada una de las cualidades.¿Cuáles fueron? En la habitación continua, la blusa estaba desconcertada y dolida. Jamás su dueña la había tratado así. Cuando estaba disfrutando, como cada comienzo de temporada primaveral, del calor que despedía el cuerpo humano, escuchó gritar a su dueña ante el espejo “¡¡¡es cierto!!! Nos despistan, y provocan que compremos desde las emociones”.
Con paso decidido fue hasta el teléfono, y llamó a su compañera de trabajo. Parecía ser que las dos habían llegado a la misma conclusión. Y allí estaban desde hacía más de media hora.
La conversación giraba en torno a los diferentes papeles en la vida de la mujer, y cómo, sin darse cuenta, mezclaban mensajes personales y profesionales. La camisa no comprendía nada. ¡Su dueña estaba diciendo que no se la iba a poner nunca más!
La conversación seguía en el vestidor.¿Quieres saber las cualidades o las piezas ropa que nombraron? –Preguntó la chaqueta negra, con mirada socarrona, y disfrutando viendo la expectación que había despertado.Todo, queremos saberlo todo. –La camiseta de blanca parecía rosa, por la excitación.El primer día dijeron las cualidades que deseaban transmitir. En concreto, el grupo en el que participaba nuestra dueña eligió: Salud, profesionalidad, seguridad y confianza.¿Salud? ¿Cómo se puede transmitir salud a través de colores y texturas? – El bikini verbalizó la duda que rondaba a todos.Pues sí, yo también me lo preguntaba, pero mi segundo día de asistencia, que fue el último de clase, la monitora vino con unas telas de colores –cuatro en concreto-. Una era beige, otra blanca, otra marrón y la última azul marino. Explicó algo relacionado con los colores cálidos y fríos, y el nivel de amarillo en la pigmentación de la piel, y que unos colores resaltaban las manchas y ojeras en la `piel, y otros hacían que apareciera más saludable. Definió el beige y el marrón como cálidos, y el blanco y el azul, junto al negro, como fríos... –la expresión de la chaqueta negra reflejaba tristeza.¿Qué te sucede querida amiga? –El vaquero siempre había demostrado su predilección por ella.‘Nos sucede’ amigo. En primer lugar, le han desaconsejado que vayamos juntos.¿Qué me estás diciendo? Eso es imposible.Si, según los expertos en estilismo, el azul y el negro se ‘apagan’ entre sí. Además, a ti te definieron como una pieza de ropa poco formal, que no transmitía ninguna de las cualidades que los asistentes deseaban comunicar. Dijeron que eres una pieza de tiempo libre, informal y cómoda.Desde luego, no podemos decir que le falte razón. ¿Y a ti que te va a suceder? Porque tú si que transmites lo que ellos desean. El silencio se hizo más profundo. Todas las piezas de ropa contuvieron la respiración.Yo desfavorezco la piel de nuestra dueña, al igual que la chaqueta gris oscuro -La chaqueta gris –que estaba medio adormilada, dio un respingo-. Ella va más favorecida con colores cálidos. Todos sus compañeros estuvieron de acuerdo cuando le hicieron las pruebas con las telas. Pero, -intervino por primera vez la chaqueta gris- nosotras transmitimos todas las cualidades que eligió el grupo. ¿Cómo se puede transmitir más seguridad y profesionalidad que con una chaqueta negra o gris? La educadora dijo que le convenían más chaquetas de colores verde y marrón oscuros. Sin embargo, parece ser que en el caso de los hombres, se les recomienda llevar el color cálido cerca de la piel, pero dijeron que los colores verdes y marrones no se recomiendan en chaquetas –del armario de enfrente salió un suspiro de alivio.Nuestra dueña es inteligente y sabrá lo que tiene que hacer. -Esta vez habló el abrigo de piel negro, el más veterano del grupo- Lo tienen peor las blusas, vestidos y camisetas transparentes, o con mucho escote. Por lo que cuentas, algunas de ellas pasarán a formar parte del vestuario personal, de otras se deshará. –El abrigo se detuvo al escuchar un gemido detrás de ella.La camisa de seda acababa de ser metida en una bolsa de papel, y la dueña del vestuario se dirigía con paso firme al armario, murmurando: “Se lleva esto, se lleva aquello... Sé bella, sé sexy, sé atractiva... lo seré cuando me dé la gana, con mi pareja o cuando me vaya de marcha. ¡Se acabaron los dobles mensajes en mi apariencia profesional!, y se acabó enseñar las bragas con pantalones de cintura baja, o el sujetador con camisas transparentes, solo porque ellos decidan ponerlo de moda”
Mientras decía esto, iba colgando en el ‘burro’, junto a la camisa blanca, todas las prendas de color frió, y que estaban en contacto con la piel: camisas fucsia, camisetas rosas, blancas, negras y azules entre otras piezas. “Esto para la sesión de intercambio con el grupo”.
La chaqueta negra la miraba, con serenidad, y vio que la chaqueta gris le hacía un guiño. “Si, pensó, nuestra dueña es muy inteligente”.

Pactos pasados

Cristina González

En el fondo lo sabes. Yo sé que lo sabes. No me engañes. Lo que pasó pasó. Tu mirada me suplica un silencio que nunca te he negado. Ni niego que el silencio resuena en mis oídos cada vez que te veo.
Firmamos un pacto. Un pacto que nos une a la vez que nos distancia. Una separación sin habernos unido. Un corte en la nada.
Pero tú lo sabes. Yo sé que lo sabes. No son necesarias las palabras. Mucho tiempo atrás. Cada uno ha continuado con sus vidas. Y aun así, cada vez que te veo, reafirmo un pacto que nunca deseé firmar y a pesar de ello, no me arrepiento de haberlo hecho.
Tu...lo sabes.

Más allá de una mirada

Cristina González

Estaba sentada en el último vagón. Su pelo ondeaba suelto sobre sus hombros. Una gran sonrisa relucía en su rostro. Sus ojos, sin embargo, estaban ocultos tras unas grandes gafas oscuras. Me senté frente a ella. Se le veía feliz. Le sonreí. Su expresión no cambió. Continuó sonriendo, como si no se diera cuenta de mi presencia. Estaba sumergida en su mundo. Me adentré en sus pensamientos sin permiso, buscando la entrada en esa mirada que me ocultaba. De repente, ladeó suavemente la cabeza, y su expresión se tornó seria.
- ¿Por qué buscas dentro de mí lo que ves fuera?- preguntó con un hilo de voz que apenas reconocí.
- Porque aceptar una mentira es más fácil que buscar la verdad. Y yo quiero tu verdad.

No me respondió. Se quitó las gafas y me mostró sus grandes ojos oscuros. Centelleaban como nunca lo habían hecho. Sobraban las palabras. Sus ojos gritaban, ya secos, que alguien le arropara. Lo sabía, y ella sabía que lo sabía. Me necesitaba. O quizás necesitara a alguien que viera más allá de su sonrisa. Que viera más allá de lo que mostraba. Que no preguntara. Que la encontrara y sin esperar su confesión, la abrazara.






Carta para ella

Jose Antonio Reina Cervera

Ábreme tu alma amor. Soy yo, el que tantas veces ha nombrado tu misterioso nombre, que tantas veces te ha visto sonreír. Yo que he sido enganchado con tus olas de palabras, saliendo de tu garganta y sopladas por tus labios. Ábreme tu oído, para que pueda susurrarte algo, a pesar de esta distancia de espacio que existe, entre tu Norte y mi Sur.
Haré llegarte mis sentimientos, que se amontonan en un baúl dentro de mi gran corazón. No sé si darte alguna clave para que con tus pensamientos, la encuentres o te voy dejando miguitas con trocitos de ellos…
Muchos momentos he guardado dentro de mi interior, tú también lo sabes. Eres bruja de bola clara, que con tu fuerte intuición ves mis entrañas. Te fundes en mi interior tan rápidamente, que siento tu mirada dentro y me da miedo dejarla pasar.
Miedo eterno que se impregna por cada célula de mi cuerpo, eso me hace temeroso de que entres, recorras mi interior y me despiertes con lo que ves en él. Mi mente me detiene, me obstaculiza seguir, intenta controlar mi mano. Es guardiana de mi escritura, una dictadora, autoritaria, coartadora y una censuradora.
Ábreme para que dentro de ti busque ese refugio que no tengo en mí, protégeme y defiéndeme. Mendigo me siento pero honrado de vivir, de buscar lo mejor de mi ser, para mí y los demás. Me siento mas dividido que nunca, jamás antes sentí tanta división. Sé que la mente es culpable de esa dualidad, pues mi alma se puede hacer infinita cuando alcanza la sabiduría del todo y deja atrás los miedos, condicionamientos y se libera de esa pequeña prisión que esta vallada por miles de torres revestidas de pensamientos.
Me acerco a uno, lo miro y lo veo, me siento pesado, con una carga que me aprisiona hacia abajo, intento levantarme y la mente me enseña otro pensamiento para seducirme y sí, me auto convenzo, pero al poco tiempo siento que ha sido una ilusión para impregnarme de nuevo la carga. Nuevas preguntas asaltan de nuevo, no paran, me acorralan en un espacio tan pequeño como un rincón, aún así, me siento más agobiado.
Para mi suerte, un piiiii me entra en el tímpano y algo me conecta a otro enchufe. Cojo el móvil y con dos golpes de tecla, ante mí, un mensaje. Es corto con pocas palabras, pero solo eso basta, pues me llenan con un montón de rayos internos de emoción y me tiran tanto que mis labios se entreabren, una sonrisa se escapa tan inocentemente que no se detiene en la mente.
Mis pensamientos llegan a cualquier lugar donde estés amor, en esa conexión que día a día, mantenemos sin palabras, mudas, faltas de sonido. Somos capaces de transmitir tanto que me hace sentir bien, me adentra y se llena todo mi ser.
Esta noche, me siento mejor que las tres noches pasadas. Desde que vine a este extremo del país, me sentía por las noches muy intranquilo, nervioso, sentía el peso de la soledad sobre mí, apático también y con una sensación de volver en el tiempo, pero hacia atrás. Sé que es un acumulamiento de emociones que van entrando y que aquí me cuesta más mirarlas, tú sabes a que me refiero. El sistema sigue igual, aquí esta el epicentro y es más concentrado el magnetismo que tiene, ante eso yo cedo para acoplarme de nuevo a él, más con toda la situación que voy cargando sobre los hombros. Todo eso sumado, me lleva a esta apatía, no termino de liberarme, pues no me siento libre de la forma que, he tenido la gran oportunidad, de sentir junto a ti.
Gracias amor, por permitirme esta comunicación de corazón a corazón, te percibo tan cerca que siento tu calor. Te mando todos mis pensamientos dulces, tiernos y cargados de amor . Que esta noche, la energía infinita del universo te arrope y te haga sentir el más agradable de los sueños, que nos encontremos en ese viaje tan maravilloso al interior de nuestra alma, yo te llevo tan dentro de mí, que estando tan lejos, te siento muy cercana… que descanses y la paz anide en tu corazón.
Tu ángel.





Carta a Vicente Ferrer

19.06.2009

CARTA ABIERTA A VICENTE FERRER
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Anoche te fuiste tranquilo, sereno y sin sufrimiento. Como eras tú. Como eres tú, porque seguirás siempre aquí.
Decías que habías hecho un pacto con Dios : que te dejase cumplir tu misión en la India y, después, te podía llamar; que estarías esperando pacientemente.
Pudiste realizar tu gran labor con los dalits (los intocables, la casta más baja de la India) durante más de 30 años con el apoyo de tu maravillosa familia.

Recuerdo un día de Enero del año 2006. Llegamos en autobús a Anantapur. Te buscaba por mi ventanilla y allí estabas, vestido con tu típico polo, para recibirnos acompañado por un hindú que sostenía un paraguas negro para protegerte del sol tan fuerte. Hacía 46º y mucha humedad.
¡Qué alegría estar cerca de ti! Amable, comunicativo, sabio, bromista; con unas palabras dulces y serenas para cada uno de nosotros.

Nos acomodamos en unas casitas de adobe con techo de uralita en el campus RDT (rural development trust). El dormitorio, de aspecto monacal, contenía dos camitas de hierro recubiertas de sábanas de elefantitos confeccionadas con pigmentos naturales en la Fundación y dispuestas muy altas para que no pudieran subir las alimañas. Baño con letrina, un cubo, jarra de plástico para ducha y un grifo bajo, era lo que teníamos para atender nuestras tareas diarias de higiene personal.

Una noche nos diste una charla sobre el funcionamiento de la Fundación. Estábamos en una habitación colocados alrededor de ti con los ojos abiertos como búhos. Éramos todo oídos. De repente se oyeron unas rascaditas en la puerta de cristal tallado. Paraste la charla en seco y, con el dedo señalando la puerta, le dijiste al chico Hindú: “Ves a mirar y, si son mis nietos, déjalos entrar” Me saltaron las lágrimas (sólo yo sé por qué).
Al terminar la charla todos salieron. Me quedé contigo a solas y te conté que mi padre, también Vicente, muy mayor y que vivía en España, no sabía que yo estaba en la India. No le quise preocupar pero me encontraba con sentimiento de culpa. Me dijiste: llámale y dile que estás aquí que no pasa nada. Todo está bien y todo acaba bien.
Me marché pensativa. Era de noche y para no molestar a mi compañera de habitación, busqué un área poblada de árboles. Me agaché al suelo y llamé desde mi móvil a mi padre. Ahí me hincharon unos mosquitos gigantes. Cuando le dije que estaba en la India con Vicente Ferrer, se puso muy contento y me deseó mucha suerte. ¡Sí, todo acaba bien!

Otra noche nos habían preparado en el auditorio un espectáculo hindú en el que actuaban niños discapacitados. Al acomodarnos me coloqué detrás de ti y de tu encantadora esposa Anna (recomiendo leer el libro “un pacto de amor” escrito por Anna Ferrer). Casi en la mitad de la actuación, pasaste el brazo por detrás de la espalda de tu mujer y, delicadamente, posaste la mano en su pecho y ahí se quedó. ¡Qué escena tan entrañable!
Así eras tú.
Te pregunté una vez:
¿Cómo canalizar y no apenarse viendo todo este sufrimiento y tanta pobreza en las calles? Me contestaste:
Cuando veas miseria y dolor no te aflijas. ¡Actúa!
Y desde entonces no he parado de poner mi granito de arena.
Tendría tanto que contar…
Me considero una persona privilegiada por haber tenido la oportunidad de conocerte y estoy muy orgullosa de ello.
¡GRACIAS VICENTE!

Susana Catala

El milagro

Rafael Senabre Ribes

Esta noche visitaré tu sueño.
Destino imaginario
de aquella mariposa de alas verdes
que revolotea en mi estómago.
Tal vez me acerque disfrazado de pensamiento,
quizás llegue como un amanecer sin nubes,
o vestido de sollozo o de sombra.
Entraré de puntillas
por el surco de tu boca,
seguiré hasta encontrar tus ojos.
Allí me quedaré.
Encenderé una luz que dilate tus retinas.
Inventaré sortilegios que iluminen la noche
a la espera de un milagro:
pétalos de rosa, pluma de pelicano,
lágrima y ceniza...
Voy ha creer que estoy dormido,
quizás cuando despierte ocurra
y sea verdad que no te has ido.


12/11/2005
Nacido a partir de un ejercicio del taller de escritura.
Palabras perdidas, salidas de otros versos y de alguno robado.

Canciones desnudas

Rafael Senabre Ribes

Suenan bailando fraseos
en los rincones de mi pensamiento.
Voces sin música.
Canciones desnudas,
libres de bocas y versos,
se asoman a la ventana indiscreta
de un blanco cuaderno.
Un jardín de palabras
comienza a crecer en sus entrañas.
Canciones de ojos abiertos,
de palabras imaginadas.
Hologramas de poemas verticales.
Músicas de salitre.
Caprichos de arena y mar.
Flores de invernadero
cantan y florecen antes del silencio final.
Sonidos efímeros, huecos.
La voz seduciendo al viento.
Cuerpo de palabras fragmentadas
en cada renglón, en cada verso.
Nacen canciones desnudas,
de mi mano y mis adentros,
para vestir de amor el tiempo
y perturbar con sus voces el silencio.


De unas notas tomadas al azar el 23 de abril, retomadas el 4 de mayo para convertirse en el borrador de lo que ha salido hoy.
En el coche, mientras hago tiempo para asistir a una conferencia en el hotel Venus.

20 de mayo 2007

A tirillas

Lola Marín

Ha vuelto a suceder
y lo hará una y mil veces,
y en este dejarse llevar
me arrastraré por caminos de manos temblorosas
que se descubren ante la sola presencia
de un cuerpo hecho tirillas.


- A veces el cielo finge que es mar,
Y yo, cómplice, me consuelo
Guardándole el secreto.


- No quiero creer, por eso
me escapo por el hueco
de la cerradura.


- Va marcando las horas pero nada pasa,
sólo cambia la colocación de las agujas de un reloj demasiado viejo,
tanto como el tiempo que llevo mirándote.


- Todo se derrumba...
Llega la noche y ni la luz eléctrica consuela.
sin otra posibilidad que escuchar, sin hacer demasiado caso...

Nudos

Rafael Senabre Ribes

Atadas mis alas,
por ti,
a los pies de tu cama.
Soy gavilán prisionero
en retorcidos nudos,
de tu cuerpo de junco al sol.
Intento alzar la voz,
elevarme, flotar...
No lo consigo.
Erizado entre mis gemidos,
me oigo chirriar
después de tu sombra.
¡¡No resisto más!!
No resisto ser
de tu cuerpo el penitente,
y rozar el ansia
del vértigo creciente,
deambulando justo al borde
o del llanto o del grito,
al filo de la piel
abierta en canal.
La boca recostada
en tu boca,
los brazos colgando
y los pies mojados de
rosas rojas.
Te odio, pero te deseo.
Me ahogo en mi grito,
pero te quiero.
Dolor de un espacio sin confines
diluido con el placer prohibido:
Tu cuerpo infinito.
En ti desposeerme,
deshacer los nudos,
filtrarme, fluir, deslizarme
por tus grietas.
Navegar tus venas,
contar tus pecas.
Ser yo y no ser yo.
No ser yo para ser tú.
Anegarte.
Desnudo como sangre desnuda,
como hierba,
como rayo, como nieve,
como agua de lluvia.
Desnudas están,
desnudas y atadas mis alas,
por ti,
a los pies de tu cama.


Son las 22,30 de una noche de jueves.
De la estrofa de otro poema y de unas cuantas
lecturas, hoy ha nacido este grito interior de pasión,
deseo y sexo. ¡¡Hace tanto calor!!
Hay casi luna llena...

Dedicado a ti, ese amante imperfecto.

Altea a 1 de julio de 2004.

Sin miedo

Belén Palacios

Ya no tengo miedo.

Ya no soy la barca que navega a la deriva
empujada por vientos oscuros.
Ya no soy la pequeña que entrega su poder a los demás
para que la eleven o la hundan en apenas un instante.
Ya no soy la chica indefensa que otros pueden utilizar
para descargar sus iras, sus miedos, sus frustraciones.
Ya no soy la niña que teme soñar
porque se siente incapaz de traspasar la puerta del jardín.
Ya no soy aquella que teme ser juzgada,
que prefiere no hablar por no ofender,
que se aterra ante la idea de no gustar,
de reír y parecer ridícula,
de abrazar y parecer impropia,
de regalar palabras de amor y no escucharlas de vuelta.

Abandoné todo eso por el camino.
Ya pesaba demasiado en mi mochila.

Ahora puedo brincar ligera como el viento
y puedo alegrarme con las cosas pequeñas.
Puedo amar de verdad, con el corazón abierto
y ofrecerme de verdad sin condiciones ,
sin esperar el pago de mis caricias y cuidados.

Ya conozco mi corazón y su silencio.
Ya conozco mi alma y su grandeza.
Conozco la chispita divina
que vive en cada uno de nosotros.

Ya no tengo miedo.