Entre el miedo y el amor (Fragmento)

Entre el miedo y el amor (Fragmento)

Fragmento de la novela “Entre el miedo y el amor” de Sandra Estévez Calvar.

Tus besos

Tus besos

El sol comenzaba a brillar con fuerza a través de la ventana de nuestra habitación de un motel de carretera. No sé exactamente ni cuándo, ni cómo llegamos allí. Solo recuerdo tu olor envolviéndolo todo. Tus manos arrastrándome con fuerza al interior del baño de una discoteca que jamás estuve y a la que jamás volveré. Recuerdo tus ojos mirándome con una mezcla de deseo y odio, como nadie hasta entonces me habían mirado. Recuerdo ese primer beso robado, y el siguiente y el siguiente ¿Cómo olvidarlos? Han quedado marcados con sangre en mi piel. Mis labios te suplicaban un no que tu trasformabas en un sí y poco a poco me hacías más tuya, hasta que abandonaba mi cuerpo a tu deseo, o quizás nuestro deseo. Porque no sé cuando ocurrió, quizás fue un año antes, o quizás esa misma noche. No sé cuando te empecé a querer y cuando dejé de hacerlo. No sé cuando ese amor se convirtió en asco y cuando regresó el deseo. Solo sé que al despertarme esta mañana, me abracé a ti, y lloré de nuevo aceptando la condena a la que tus besos me habían devuelto. Cristina...

Carta abierta a Vicente Ferrer

Carta abierta a Vicente Ferrer

Anoche te fuiste tranquilo, sereno y sin sufrimiento. Como eras tú. Como eres tú, porque seguirás siempre aquí. Decías que habías hecho un pacto con Dios : que te dejase cumplir tu misión en la India y, después, te podía llamar; que estarías esperando pacientemente. Pudiste realizar tu gran labor con los dalits (los intocables, la casta más baja de la India) durante más de 30 años con el apoyo de tu maravillosa familia. Recuerdo un día de Enero del año 2006. Llegamos en autobús a Anantapur. Te buscaba por mi ventanilla y allí estabas, vestido con tu típico polo, para recibirnos acompañado por un hindú que sostenía un paraguas negro para protegerte del sol tan fuerte. Hacía 46º y mucha humedad. ¡Qué alegría estar cerca de ti! Amable, comunicativo, sabio, bromista; con unas palabras dulces y serenas para cada uno de nosotros. Nos acomodamos en unas casitas de adobe con techo de uralita en el campus RDT (rural development trust). El dormitorio, de aspecto monacal, contenía dos camitas de hierro recubiertas de sábanas de elefantitos confeccionadas con pigmentos naturales en la Fundación y dispuestas muy altas para que no pudieran subir las alimañas. Baño con letrina, un cubo, jarra de plástico para ducha y un grifo bajo, era lo que teníamos para atender nuestras tareas diarias de higiene personal. Una noche nos diste una charla sobre el funcionamiento de la Fundación. Estábamos en una habitación colocados alrededor de ti con los ojos abiertos como búhos. Éramos todo oídos. De repente se oyeron unas rascaditas en la puerta de cristal tallado. Paraste la charla en seco y, con el dedo señalando la puerta, le dijiste al chico Hindú: “Ves a mirar y, si son mis nietos, déjalos entrar” Me saltaron las lágrimas (sólo yo sé por qué). Al terminar la charla todos salieron. Me quedé contigo a solas y te conté que mi padre, también Vicente, muy mayor y que vivía en España, no sabía que yo estaba en la India. No le quise preocupar pero me encontraba con sentimiento de culpa. Me dijiste: llámale y dile que estás aquí que no pasa nada. Todo está bien y todo acaba bien. Me marché pensativa....

55%

55%

Como siempre, en el Levante español no hubo primavera. Del invierno se pasó al verano. De 18º a 30º. Y como en todos los hogares de la zona, en el que nos ocupa, el vestuario cambia de residencia. Las prendas finas y frescas pasan a primera línea. – ¡Ah! Por fin llegó el buen tiempo… La fina camisa de seda, con un alto nivel de transparencia, notó cómo flotaba. Libre por fin de los apretujones de sus compañeras de armario. – Me has tenido metida con esa chusma desde hace casi siete meses… Ella sabía perfectamente que su dueña no le podía escuchar, y no le importaba lo más mínimo que el resto de vestuario estuviera pendiente de sus palabras. ¡Chusma!, Esa creída nos ha llamado chusma… ¿Es que nadie va a decir nada? –La camiseta blanca, de algodón, estaba que trinaba.Calma compañera –era la chaqueta negra la que hablaba- su vida va a dar un gran cambio. Va a pasar muuuucho tiempo colgada, si no la ponen directamente en la bolsa que hay preparada para Cáritas. Y allí nadie la creerá útil. La pobre gente a la que acogen y regalan la ropa que reciben, no entiende de modas sensuales. Para ellos nosotros, el vestuario, servimos para lo que fuimos originalmente creados: para cubrir el cuerpo. Es posible que no les sirva ni de trapo de limpieza. ¡Oh! –La exclamación fue general. Y todos miraron hacia la camisa de seda, que ya estaba ronroneando, al sentir la piel fresca y recién hidratada de su dueña. No había escuchado nada de lo que decían sus compañeros. Todo el vestuario escuchaba siempre, con atención, las palabras de la chaqueta negra. Ésta era lo suficientemente suave como para no dar demasiado calor en verano, pero se le veía la prestancia necesaria para poder utilizarla en invierno, sobre un suéter y bajo un abrigo. Así que se pasaba la vida junto a su dueña. Por eso sabía bien de lo que hablaba.Cuéntanos, cuéntanos. ¿Qué crees que va a ocurrir?Nuestra dueña ha estado en un curso sobre excelencia en la comunicación profesional. La chaqueta guardó silencio… de momento nadie habló. Todos sabían que era parte de su puesta...

Carta para ella

Carta para ella

Ábreme tu alma amor. Soy yo, el que tantas veces ha nombrado tu misterioso nombre, que tantas veces te ha visto sonreír. Yo que he sido enganchado con tus olas de palabras, saliendo de tu garganta y sopladas por tus labios. Ábreme tu oído, para que pueda susurrarte algo, a pesar de esta distancia de espacio que existe, entre tu Norte y mi Sur. Haré llegarte mis sentimientos, que se amontonan en un baúl dentro de mi gran corazón. No sé si darte alguna clave para que con tus pensamientos, la encuentres o te voy dejando miguitas con trocitos de ellos… Muchos momentos he guardado dentro de mi interior, tú también lo sabes. Eres bruja de bola clara, que con tu fuerte intuición ves mis entrañas. Te fundes en mi interior tan rápidamente, que siento tu mirada dentro y me da miedo dejarla pasar. Miedo eterno que se impregna por cada célula de mi cuerpo, eso me hace temeroso de que entres, recorras mi interior y me despiertes con lo que ves en él. Mi mente me detiene, me obstaculiza seguir, intenta controlar mi mano. Es guardiana de mi escritura, una dictadora, autoritaria, coartadora y una censuradora. Ábreme para que dentro de ti busque ese refugio que no tengo en mí, protégeme y defiéndeme. Mendigo me siento pero honrado de vivir, de buscar lo mejor de mi ser, para mí y los demás. Me siento mas dividido que nunca, jamás antes sentí tanta división. Sé que la mente es culpable de esa dualidad, pues mi alma se puede hacer infinita cuando alcanza la sabiduría del todo y deja atrás los miedos, condicionamientos y se libera de esa pequeña prisión que esta vallada por miles de torres revestidas de pensamientos. Me acerco a uno, lo miro y lo veo, me siento pesado, con una carga que me aprisiona hacia abajo, intento levantarme y la mente me enseña otro pensamiento para seducirme y sí, me auto convenzo, pero al poco tiempo siento que ha sido una ilusión para impregnarme de nuevo la carga. Nuevas preguntas asaltan de nuevo, no paran, me acorralan en un espacio tan pequeño como un rincón, aún así, me siento más agobiado....

Sin miedo

Sin miedo

Ya no tengo miedo. Ya no soy la barca que navega a la deriva empujada por vientos oscuros. Ya no soy la pequeña que entrega su poder a los demás para que la eleven o la hundan en apenas un instante. Ya no soy la chica indefensa que otros pueden utilizar para descargar sus iras, sus miedos, sus frustraciones. Ya no soy la niña que teme soñar porque se siente incapaz de traspasar la puerta del jardín. Ya no soy aquella que teme ser juzgada, que prefiere no hablar por no ofender, que se aterra ante la idea de no gustar, de reír y parecer ridícula, de abrazar y parecer impropia, de regalar palabras de amor y no escucharlas de vuelta. Abandoné todo eso por el camino. Ya pesaba demasiado en mi mochila. Ahora puedo brincar ligera como el viento y puedo alegrarme con las cosas pequeñas. Puedo amar de verdad, con el corazón abierto y ofrecerme de verdad sin condiciones , sin esperar el pago de mis caricias y cuidados. Ya conozco mi corazón y su silencio. Ya conozco mi alma y su grandeza. Conozco la chispita divina que vive en cada uno de nosotros. Ya no tengo miedo.   Belén...

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