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Sin miedo

Belén Palacios

Ya no tengo miedo.

Ya no soy la barca que navega a la deriva
empujada por vientos oscuros.
Ya no soy la pequeña que entrega su poder a los demás
para que la eleven o la hundan en apenas un instante.
Ya no soy la chica indefensa que otros pueden utilizar
para descargar sus iras, sus miedos, sus frustraciones.
Ya no soy la niña que teme soñar
porque se siente incapaz de traspasar la puerta del jardín.
Ya no soy aquella que teme ser juzgada,
que prefiere no hablar por no ofender,
que se aterra ante la idea de no gustar,
de reír y parecer ridícula,
de abrazar y parecer impropia,
de regalar palabras de amor y no escucharlas de vuelta.

Abandoné todo eso por el camino.
Ya pesaba demasiado en mi mochila.

Ahora puedo brincar ligera como el viento
y puedo alegrarme con las cosas pequeñas.
Puedo amar de verdad, con el corazón abierto
y ofrecerme de verdad sin condiciones ,
sin esperar el pago de mis caricias y cuidados.

Ya conozco mi corazón y su silencio.
Ya conozco mi alma y su grandeza.
Conozco la chispita divina
que vive en cada uno de nosotros.

Ya no tengo miedo.


Nudos

Rafael Senabre Ribes

Atadas mis alas,
por ti,
a los pies de tu cama.
Soy gavilán prisionero
en retorcidos nudos,
de tu cuerpo de junco al sol.
Intento alzar la voz,
elevarme, flotar...
No lo consigo.
Erizado entre mis gemidos,
me oigo chirriar
después de tu sombra.
¡¡No resisto más!!
No resisto ser
de tu cuerpo el penitente,
y rozar el ansia
del vértigo creciente,
deambulando justo al borde
o del llanto o del grito,
al filo de la piel
abierta en canal.
La boca recostada
en tu boca,
los brazos colgando
y los pies mojados de
rosas rojas.
Te odio, pero te deseo.
Me ahogo en mi grito,
pero te quiero.
Dolor de un espacio sin confines
diluido con el placer prohibido:
Tu cuerpo infinito.
En ti desposeerme,
deshacer los nudos,
filtrarme, fluir, deslizarme
por tus grietas.
Navegar tus venas,
contar tus pecas.
Ser yo y no ser yo.
No ser yo para ser tú.
Anegarte.
Desnudo como sangre desnuda,
como hierba,
como rayo, como nieve,
como agua de lluvia.
Desnudas están,
desnudas y atadas mis alas,
por ti,
a los pies de tu cama.


Son las 22,30 de una noche de jueves.
De la estrofa de otro poema y de unas cuantas
lecturas, hoy ha nacido este grito interior de pasión,
deseo y sexo. ¡¡Hace tanto calor!!
Hay casi luna llena...

Dedicado a ti, ese amante imperfecto.

Altea a 1 de julio de 2004.


A tirillas

Lola Marín

Ha vuelto a suceder
y lo hará una y mil veces,
y en este dejarse llevar
me arrastraré por caminos de manos temblorosas
que se descubren ante la sola presencia
de un cuerpo hecho tirillas.


- A veces el cielo finge que es mar,
Y yo, cómplice, me consuelo
Guardándole el secreto.


- No quiero creer, por eso
me escapo por el hueco
de la cerradura.


- Va marcando las horas pero nada pasa,
sólo cambia la colocación de las agujas de un reloj demasiado viejo,
tanto como el tiempo que llevo mirándote.


- Todo se derrumba...
Llega la noche y ni la luz eléctrica consuela.
sin otra posibilidad que escuchar, sin hacer demasiado caso...


Canciones desnudas

Rafael Senabre Ribes

Suenan bailando fraseos
en los rincones de mi pensamiento.
Voces sin música.
Canciones desnudas,
libres de bocas y versos,
se asoman a la ventana indiscreta
de un blanco cuaderno.
Un jardín de palabras
comienza a crecer en sus entrañas.
Canciones de ojos abiertos,
de palabras imaginadas.
Hologramas de poemas verticales.
Músicas de salitre.
Caprichos de arena y mar.
Flores de invernadero
cantan y florecen antes del silencio final.
Sonidos efímeros, huecos.
La voz seduciendo al viento.
Cuerpo de palabras fragmentadas
en cada renglón, en cada verso.
Nacen canciones desnudas,
de mi mano y mis adentros,
para vestir de amor el tiempo
y perturbar con sus voces el silencio.


De unas notas tomadas al azar el 23 de abril, retomadas el 4 de mayo para convertirse en el borrador de lo que ha salido hoy.
En el coche, mientras hago tiempo para asistir a una conferencia en el hotel Venus.

20 de mayo 2007


El milagro

Rafael Senabre Ribes

Esta noche visitaré tu sueño.
Destino imaginario
de aquella mariposa de alas verdes
que revolotea en mi estómago.
Tal vez me acerque disfrazado de pensamiento,
quizás llegue como un amanecer sin nubes,
o vestido de sollozo o de sombra.
Entraré de puntillas
por el surco de tu boca,
seguiré hasta encontrar tus ojos.
Allí me quedaré.
Encenderé una luz que dilate tus retinas.
Inventaré sortilegios que iluminen la noche
a la espera de un milagro:
pétalos de rosa, pluma de pelicano,
lágrima y ceniza...
Voy ha creer que estoy dormido,
quizás cuando despierte ocurra
y sea verdad que no te has ido.


12/11/2005
Nacido a partir de un ejercicio del taller de escritura.
Palabras perdidas, salidas de otros versos y de alguno robado.