¿Te desahogas con los demás?

¿Te desahogas con los demás?

Una proyección es atribuir a otro, miedos, dudas o emociones que en realidad nos pertenecen, aunque no lo sepamos. A pesar de que es difícil reconocerlas pues son inconscientes, es importante hacerlo para evitar conflictos en las relaciones.
TE-DESAHOGAS-CON-LOS-DEMÁS-pag-1-PSICOLOGÍA-PRÁCTICA-11-2007-Mar-Cantero-Sánchez-www.marcanterosanchez.com-Patricia teme que su pareja vaya a dejarla, siente celos y cree que él se está aburriendo de ella. Le acusa de ser demasiado abierto con las mujeres. Cree que es el único hombre al que ha amado realmente, teme a la soledad y a no volver a encontrar una persona por la que sienta lo mismo. Sufre y hace sufrir con sus continuos cambios de humor. Su pareja empieza a contemplar la posibilidad de dejarla, pero no por los motivos que ella teme, sino por su actitud acosadora y agobiante.

Miguel está muy enamorado de su esposa, pero desde hace un tiempo la trata sin respeto. En sus palabras, hay un tono de reproche a veces sarcástico. La acusa de no hacer las cosas bien, se muestra prepotente y no le da el apoyo que necesita. Detesta que realice actividades a solas o con otras personas. Ella ha intentado hacerle ver su comportamiento, pero él lo niega. No es capaz de reconocer su agresividad constante.

Elisa sufre a diario por el bienestar de su hija de veinticinco años. Si coge el coche, le recuerda que conduzca despacio. Si va a la universidad, la despierta antes que suene el despertador por si no lo oye. Su hija se siente agobiada pero Elisa no puede entender que ya es mayor para correr sus propios riesgos y continúa angustiada.

¿Qué es lo que les ocurre interiormente a Patricia, Miguel y Elisa? ¿Por qué no son capaces de reconocer su actitud, cuando los demás intentan hacerles ver el daño que están causando a su relación? Lo que hacen es proyectar, localizar en otros algo que en realidad está en su interior y que rechazan de sí mismos. Es un proceso defensivo muy común que causa serios problemas y que al ser inconsciente, es difícil de detectar, tanto por los que proyectan como por los que lo sufren.

El efecto que causan

El efecto que la proyección de un miedo ajeno causa en el otro es devastador. Una proyección negativa distorsiona la realidad de tal manera que provoca un gran rechazo en la otra persona pues recibe una desconfianza que va minando la relación paulatinamente. Se siente herida por las acusaciones y esto transforma también la visión que tenía de la relación hasta ese momento tras sentirse dolida, responde a la acusación a su manera, agravando el conflicto. Además una proyección puede acabar por hacer creer al otro que tales miedos también son suyos cuando no es así.

Las proyecciones no son siempre negativas. A veces creemos que el otro es especialmente maravilloso y lo ensalzamos distorsionando la realidad, con las emociones descontroladas que esto conlleva. Inseguridad, celos, envidia, inferioridad o prepotencia, convierten a la persona que proyecta en alguien que sufre y hace sufrir con el consiguiente malestar en la relación. Las consecuencias negativas de una proyección no son sólo para quien la recibe, ya que repercuten en quien proyecta devolviendo la desconfianza, las dudas y el miedo.

Una proyección casi siempre se realiza en el tiempo. Bien hacia el pasado, bien hacia el futuro, alejándose del presente. Esto provoca que la persona se descentre al preocuparse por las cosas que cree que le sobrevendrán, o por los hechos negativos que ya le ocurrieron, y suele desocuparse de otros aspectos de su vida como su trabajo, otras relaciones, o disfrutar de su tiempo libre.

Por qué proyectamos

Sartre dijo que “el infierno son los otros”. Esto es exactamente lo que sientes cuando proyectas un miedo en otra persona, pero lo que haces es reflejar en ella tu propio infierno.

Todos hemos proyectado nuestros miedos en alguien alguna vez, aunque no lo recordemos. A veces es porque nos sentimos culpables por algo que hemos hecho o pensado hacer. Los celos infundados son un claro ejemplo de este tipo de proyección ya que surgen siempre de la baja autoestima de quien los siente.

La sociedad ayuda en algunos casos a que las proyecciones se mantengan. Está bien visto socialmente preocuparse por el bienestar de los demás aunque sea de manera exagerada. Que una madre se preocupe por sus hijos está bien entendido por el resto de las madres y de la gente en general, pero a veces no nos damos cuenta que para todo hay un límite. Lo mismo ocurre con cualquier otro tipo de relación entre adultos. Si descargas en otro tus propios miedos impides que los demás puedan resolver los suyos.

El origen

TE DESAHOGAS CON LOS DEMÁS, pag 2, PSICOLOGÍA PRÁCTICA 11-2007, Mar Cantero Sánchez, www.marcanterosanchez.com C.G.Jung decía que las proyecciones convierten al entorno en el propio rostro, que es a la vez algo desconocido. Partiendo de esta base podemos afirmar que nadie proyecta conscientemente, por eso es imposible saber lo incómoda que puede llegar a ser nuestra actitud cuando proyectamos un miedo, a no ser que consigan hacérnoslo ver, lo cual es complicado, ya que cuando la víctima lo intenta, solemos sentirnos heridos.

La causa de esto es en realidad el ego que se superpone a todo lo demás, dominando nuestras emociones y pensamientos. Cuando proyectamos, lo hacemos desde nuestro ego solamente, sin contar con la verdad que existe en el otro, sino sólo con la nuestra y además creemos falsamente que ambos somos iguales.
La proyección se realiza desde la inestabilidad. Una persona segura no exige ni acusa, sencillamente vive y deja vivir. Cuando proyectas lo haces porque te sientes desesperado ante tu propia falta de confianza y de dominio. Sueltas las riendas y pierdes el control, permitiendo que sea la situación la que controle. El miedo a los cambios, a lo diferente, la necesidad de dependencia, los deseos de manipulación, o la despreocupación y desconocimiento de uno mismo, es lo que origina una proyección que casi siempre se traduce en un ataque verbal o acusación. Recordemos que el ataque es una súplica. Es posible que estés pidiendo que te quieran y te lo demuestren como tú necesitas, que te consuelen o apoyen, o simplemente que te dediquen más tiempo.

Sanar el ego

Todos rechazamos alguna parte de nosotros. Nos negamos a ver lo que no nos gusta, lo que nos hace peores a nuestros ojos. Pretendemos ocultar en lo más hondo las actitudes que conscientemente creemos incorrectas, pero todo este mecanismo es tan rápido y tan sutil que ni nos damos cuenta. Nuestro ego se mantiene así intacto, ante las propias imperfecciones. Es un comportamiento natural de auto defensa, culpabilizar a los otros para evitar el castigo del desamor o la soledad. Cuando tratas de esconder lo que no quieres que nadie vea, lo haces de forma instintiva y sin ser consciente de ello.

Puede que hayamos estado negando cierto comportamiento o defecto durante años y entonces se hace aún más difícil el reconocerlo. Para sanar el ego no podemos escondernos de nosotros mismos. Si reconoces como eres, con defectos y carencias incluidas, sabiendo que nadie es perfecto ni absolutamente correcto en cada acto o situación, sentirás un gran alivio y evitarás la necesidad inconsciente de la proyección.

La autoestima es una condición imprescindible para no proyectar los miedos y las dudas en los demás. Sin ella, es totalmente imposible reconocer que lo estás haciendo y para ello, lo mejor es empezar a desocuparte tanto del otro, para empezar a ocuparte más de ti mismo. Cuida de ti, en lugar de esperar que lo haga otro. Cuando te proteges, te conoces y te respetas, la necesidad de recibir todo de los demás, desaparece y con ella, las sensaciones nocivas y erróneas que pueden influir negativamente en tu relación.

TE-DESAHOGAS-CON-LOS-DEMÁS-pag-3-PSICOLOGÍA-PRÁCTICA-11-2007-Mar-Cantero-Sánchez-www.marcanterosanchez.comEvitar ser las víctimas

Todos hemos sido víctimas de los miedos proyectados de otros alguna vez. No obstante, algunas personas son menos capaces que otras de asumir el propio deber moral por sí mismos y encuentran sin pretenderlo, a otros que teman y se preocupen en su lugar. Con esto consiguen sentir que tienen respeto por sus acciones y que le dan el valor suficiente a su vida. Cuando los demás les recuerdan ciertas normas, estas personas sienten que vuelven al redil y continúan adelante con la presencia invisible de lo correcto en la memoria. De otra manera, es posible que perdieran el norte, ya que suelen tener su propia visión de lo que la sociedad dictamina como adecuado. Suelen ser aquellos que a veces se saltan las reglas o que actúan según su criterio, algo que no está muy bien visto socialmente.

Para no ser víctimas de una proyección, lo más importante es que te des cuenta de que es la otra persona quien tiene miedo y no tú. Si no haces esto, es frecuente que los miedos ajenos se conviertan en propios con el tiempo. Por eso, en lugar de devolver la acusación con la misma agresividad o impertinencia, lo que provocaría sin dudas un conflicto, es necesario que intentes hacer ver a la otra persona que sus miedos proceden en realidad de su interior y no de un peligro real. El silencio suele ser la mejor respuesta, con él demuestras que no te afectan los temores ni las acusaciones del otro, y al mismo tiempo le muestras que es el otro quien tiene un problema y no tú.

Resolver la proyección

En primer lugar, necesitas que alguien te lo haga ver para darte cuenta. Es imprescindible reconocer el miedo que sientes hacia las reacciones del otro, es en realidad un miedo falso, ya que ni el otro es exactamente como tú crees, ni existe un peligro auténtico de que ocurra lo que tanto temes. Más bien al contrario, es por culpa de las malas sensaciones que provoca una proyección, por lo que las relaciones sufren o se acaban rompiendo.

Evitar proyectar tu miedo implica también ser capaz de ver las necesidades reales del otro y no las tuyas únicamente. Desarrollar la empatía y la comprensión es importante. Quizá, la persona que temes que se aburra de ti, no necesita que vuelva el romanticismo de los primeros años, ni necesita verte guapo y perfecto cada día, sino que eres tú quien en realidad echas de menos todo esto.

Una vez que has identificado tus necesidades y las suyas, lo mejor es decir directamente lo que te está pasando, lo que echas en falta y lo que temes que pueda ocurrir. Es el momento de pedir sin exigir. Hablar de una manera totalmente sincera, diciendo lo que te pasa y como te sientes, es muy eficaz para acabar con la dependencia que sientes hacia el otro, y además obtienes un buen resultado, ya que todo lo que se pide con respeto, se valora y se concede de la misma forma.

Esfuérzate en conectar con tus propios temores, aquellos que permanecen en la sombra. Es necesario para mantener tu integridad y la del otro, intactas. Intenta ver las situaciones con cierta objetividad en lugar de dejarte llevar por una vorágine de emociones y pensamientos negativos. Esto te ayudará a seguir siendo respetuoso con los demás, y si lo eres con los otros también lo eres contigo. Quien descalifica, se descalifica a sí mismo, y en el amor no hay cabida para las faltas de respeto, el acoso, o las acusaciones. Sólo conectando con tu miedo interior permites al otro responsabilizarse de sus temores y dudas reales, de sí mismo, algo que es necesario en una relación, que cada uno tenga su propio afán de superación y mantenga su propio espacio interior.

TE DESAHOGAS CON LOS DEMÁS, pag 4, PSICOLOGÍA PRÁCTICA 11-2007, Mar Cantero Sánchez, www.marcanterosanchez.com Otro punto que no puedes olvidar es ocuparte de vivir en el presente, es sin duda tu única certeza. En el ahora está la única realidad que vives y viven los demás a tu alrededor. Si te sigues preocupando por lo que pasará mañana, o porque ayer te ocurrió algo y crees que se repetirá, nada cambiará. La manera de que las cosas cambien es vivir el presente únicamente, lo más auténticamente posible, ocupándote de aprovechar cada momento al máximo y de manera positiva. La única forma de tener un buen futuro es haciendo un buen presente. Por eso, si temes que la otra persona vaya aburrirse de ti en el futuro, intenta no aburrirla tú antes en el momento en que vives. Recuerda que lo que te incomoda o temes de otro, puede ser lo que aún te queda por resolver dentro de ti.

Mar Cantero Sánchez