Psicología Práctica Nº 176

“LA SUMISIÓN TIENE UN LÍMITE. LA CULPA TAMBIÉN. NO HAY DERROTA PERMANENTE. EL PASADO PUEDE SER UN POZO, PERO EN CADA UNO DE NOSOTROS RESIDE LA POSIBILIDAD DE ESCALAR HACIA LA LUZ.”

Pepa Roma, prologuista de “El matarratas” y autora de “Mandala” e “Indian Express”.

 El matarratas, Psicología Práctica Nº 176, pag 1, Mar Cantero Sánchez

Creo que la mayoría hemos sufrido y ese sufrimiento, a veces, puede ser el causante de muchas de las decisiones que tomamos en la vida, en ocasiones llevados por el miedo, por ese trauma que nos ha causado lo sufrido, o por esa absurda conclusión que asumimos como cierta pero que es totalmente errónea: Todo en el futuro va a ser igual que en el pasado. Ángel, el protagonista de “El matarratas” ha pensado así durante mucho tiempo, demasiado. Todo por querer evitar regresar a ese dolor que un día cambió su vida, su forma de ser y de comportarse, su actitud, sus creencias y su fe. El sufrimiento nos daña, nos marca, e inevitablemente nos cambia. A algunos, más que a otros. También depende de si, como Ángel, ese sufrimiento llega durante la infancia, pues es una época en la que nos estamos formando y en la que deberíamos ser más libres y despreocupados para aprender a experimentar la felicidad. Porque si no se aprende a ser feliz cuando se es un niño, habrá que aprenderlo más tarde. Todos los niños deberían vivir esa felicidad y hacerla suya, pese a lo que esté ocurriendo en su entorno y a su alrededor. Pero lamentablemente en este mundo y en esta sociedad, en el entorno familiar, (que a veces puede ser un auténtico nido de situaciones traumáticas) en el colegio (más de lo mismo), y en el resto del ambiente social en el que viven muchos niños, no se permite ese aprendizaje de la felicidad. Y ya se sabe que a los niños les cuesta menos aprenderlo todo que a los adultos. Una felicidad aprendida en la niñez, es una felicidad que se guarda en el corazón para toda la vida, pero lo mismo ocurre con el sufrimiento.

ASUMIR EL PASADO

Parece que los niños sean invencibles, pues continúan viviendo y jugando como si nada les pase lo que les pase. Pero no es así en absoluto. Así lo ven los adultos desde fuera, pero la realidad es otra muy distinta. La verdad es que los traumas van anidando en el niño mientras está creciendo y esto va delimitando y limitando su capacidad de acción, de decisión, de sacar conclusiones positivas sobre la vida y sobre las personas en general. Aunque no hace falta irse lejos para saber que en nuestra sociedad también se sucede el maltrato o abuso de niños, por ejemplo, podemos verlos jugando en Siria mientras a su alrededor se sucede las muertes violentas y el miedo. Y aunque sus actos parezcan decir que ellos continúan viviendo su infancia, lo cierto es que en sus mentes se va sembrando el miedo, el dolor, la inseguridad, y todas las emociones y sentimientos que un día aflorarán negativamente cuando sean adultos. Sin embargo, no es imposible olvidar y superar el sufrimiento que hemos vivido, una vez que hemos crecido. Por muy oscuro que sea nuestro pasado, por mucho dolor que guardemos en el corazón e incluso en el alma, de mayores somos más capaces de comprender y de conocer la gran capacidad que tenemos para superar cualquier dolor y cualquier trauma. Es en la etapa adulta, cuando podemos descubrir los múltiples recursos con los que contamos para asumir el pasado. Y digo asumir, porque no es lo mismo que olvidar (proeza casi imposible), ni da los mismos resultados. Hay hechos inolvidables en la vida. Son aquellos que nuestro subconsciente se empeña en traernos de vez en cuando y por mucho que intentemos no escucharle y apartar esos recuerdos de nosotros, volverán una y otra vez hasta que decidamos ponernos manos a la obra y masticarlos, tragarlos y digerirlos. Es necesario asumir el pasado para vivir plenamente consciente y feliz en el presente, dirigiéndonos hacia un mejor futuro.

El matarratas, Psicología Práctica Nº 176, pag 2, Mar Cantero Sánchez

EL SUFRIMIENTO AJENO

Como dice el refrán popular “Mal de muchos, consuelo de tontos”. Probablemente sea cierto, pues no por ver que otros lo están pasando mal, nos sirve de consuelo a nosotros. Lo vemos cada día en estos tiempos de crisis, en los que muchas familias pierden la casa y el trabajo, y no por ello, los demás dejamos de pasar por nuestro vía crucis personal. Sin embargo, a veces ocurre que cuando somos capaces de contar, de verbalizar nuestro sufrimiento y lo compartimos, recibimos como respuesta el ejemplo del otro que quizá ya pasó antes por ahí, o por algún episodio parecido y resurgió de sus cenizas. Esto, además de servirnos para darnos cuenta de que hay muchas personas que sufren y han sufrido en sus vidas, también nos ayuda a utilizarlos de ejemplo, es decir, a imitar su capacidad de resiliencia y superación. Ángel, el protagonista de la novela, solía pensar que por culpa de su pasado, era incapaz de ser y de tener una vida feliz, de amar y de ser amado. Y en realidad lo que le ocurría era que no podía perdonar ni perdonarse. Pero cuando se traslada a la India y ve lo mucho que han sufrido otras personas, niños y adultos, empieza a comprender lo valioso que es, que son todas y cada una de los seres de este mundo. Es, entre niños que han perdido su infancia debido a las cosas más terribles que uno pueda imaginar, y entre adultos que no tienen absolutamente nada, cuando empieza a sentir que es alguien importante y valioso por sí mismo. Que no importa lo que hizo un día, por muy malo que fuese ese hecho, porque siempre existe la posibilidad de perdonarse a uno mismo y a los demás. Saber que los otros han sufrido, igual o más que nosotros, nos provee de un importante conocimiento: Somos capaces de dejar todo atrás y salir adelante, si queremos.

MADURAR DEPRISA

Las personas que han sufrido durante su infancia, adolescencia o juventud, maduran más deprisa que las demás. Sin embargo, esta maduración no es positiva. Al igual que una fruta que cae del árbol demasiado pronto por culpa de la lluvia, los niños o adolescentes que sufren, crecen como árboles torcidos, carentes de valores y de autoestima, que son necesarios para la vida adulta. Además de las carencias, están los traumas que limitan y no permiten que el adulto se desarrolle libremente. Ángel sufre durante su infancia y mientras está viviendo ese sufrimiento no es consciente de que él no es culpable. Porque los niños no saben discernir con claridad lo que es correcto de lo que no lo es, por eso, en su mente se vive una lucha abierta para llegar a una conclusión por sí mismos. ¿Quién está actuando mal, la persona que me hace daño o yo que me lo merezco? Así piensan la mayoría de las mentes infantiles y es por culpa de la incoherencia que experimentan en su entorno, donde se les dice lo que tienen que hacer y cómo deben comportarse, mientras están viendo una actitud completamente distinta. Es parecido al padre que le dice gritando a su hijo: ¡No grites!, pero multiplicado por mil. Aún así, la maduración ocurre. Se aprende antes, que la vida no es de color de rosa y que por mucho que confiemos en las personas, algunas nos traicionarán y nos harán daño. No obstante, podemos utilizar esta forma de madurar más deprisa, cuando ya somos adultos, para contrarrestar o compensar el sufrimiento del pasado, comprendiendo que cuanto más lo analicemos y más meditemos sobre ello, antes podremos asumirlo y seguir adelante. Y siendo conscientes de que entre esas personas negativas, existen millones de personas positivas que pueden aportarnos mucha alegría y felicidad.

El matarratas, Psicología Práctica Nº 176, pag 3, Mar Cantero Sánchez

FINAL FELIZ

Tras todo sufrimiento es posible un final feliz, por supuesto. Y lo curioso es que sólo depende de nosotros. Ángel descubre que es él quien tiene el derecho y el deber de tomar la decisión de ser feliz, y lo hace tras un viaje que le dará el impulso para recomenzar su vida. Pero no hace falta viajar a un país exótico para comprender que cada día es una oportunidad para dejar atrás lo negativo y empezar de nuevo. Paulo Coelho dice que “Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices.”¿Y por qué no? Nunca habrá mejor momento que ahora. ¿A qué esperar? Como Ángel, el protagonista de El matarratas, sólo necesitamos una herramienta, un recurso, que es absolutamente necesario para continuar mirando al frente y dejando el dolor del recuerdo a un lado del camino. Es un ingrediente importantísimo que nos guiará y nos ayudará a dar el paso: creer que merecemos ser felices. Hay que abandonar la idea de que nos merecíamos el daño que recibimos y darse cuenta de que no es así en absoluto. Nadie merece el dolor, pero todos merecemos alcanzar la más absoluta felicidad. ¿Qué es, si no, la vida? Cada vez que te preguntes cuál es tu misión en la vida y no sepas qué responder, sólo tienes que empezar a creer en ti. La respuesta a esa y a todas tus preguntas es: Todos y cada uno de nosotros merecemos la felicidad. ¿A qué esperas para ir a encontrarla?

Mar Cantero Sánchez

Es escritora y coach personal, creativa y literaria. Escribe habitualmente en las revistas: Psicología Práctica, Cosmopolitan, y Piensa es gratis, entre otras. Ha creado y dirige sus propios talleres de escritura creativa y de crecimiento personal a través de la escritura, de los que ha escrito tres libros. Uno de ellos, “Escribe para ser feliz” (De Profundis Ediciones), con gran éxito de ventas. También ha escrito novelas que han sido premiadas como “Los viernes, el paro duerme”; “El árbol de los pájaros alegres”; y “La viajera de la felicidad”, novela en la que explica cómo la escritura puede ser la mejor herramienta de autoayuda, un recurso que todos conocemos y practicamos casi sin darnos cuenta.

¿Por qué lo recomendamos?

Porque trasmite que siempre hay un final positivo para el sufrimiento y que no importa cuánto hayamos sufrido, pues nosotros tenemos la decisión de dejar de hacerlo y empezar de cero para alcanzar la felicidad que nos merecemos.

Porque es una novela en la que el lector se siente identificado inmediatamente con el protagonista, descubriendo con él y con cada uno de sus pasos, su propio camino, el que aún le queda por recorrer.

Porque al igual que en sus novelas anteriores, utiliza el humor como hilo conductor para llevar al lector a engancharse en la historia y no querer perderse detalle. Es una novela que atrapa al lector hasta hacerle suyo.

Porque profundiza en las partes más oscuras de nuestro ser, y lo hace sin miedo, aventurándose a descubrir lo que está más escondido en cada uno de nosotros, de una forma sencilla y casi natural.

El matarratas, Psicología Práctica Nº 176, pag 4, Mar Cantero SánchezEl matarratas, Psicología Práctica Nº 176, pag 4, Mar Cantero Sánchez

EL TEMA

¿Crees que se puede superar el pasado? Ángel se ve obligado a regresar a su casa por la enfermedad de su madre. Irá acompañado de la mujer con la que comparte su vida. En el pueblo donde vivió su infancia, se encontrará con los recuerdos de la niñez y desvelará un secreto traumático que ha marcado toda su vida. ¿Quién no guarda cadáveres en el armario? Años después se marchará a la India, donde, gracias a contemplar las vidas de otros y sus sufrimientos, será capaz de asumir el pasado y continuar con su vida. A veces los verdugos son las verdaderas víctimas, pero todos y cada uno de nosotros tenemos una única misión en la vida y un único camino por recorrer: Hallar la felicidad.

Libro: EL MATARRATAS (Ed. Nowevolution), Mar Cantero Sánchez

PVP: 14, 95 

Pags: 182