Ni todos los hombres son villanos,

ni todas las mujeres son víctimas

 

Por Mar Cantero Sánchez

Revista Psicología Práctica Nº 174, 2013

 

¿Has oído decir que “todos los hombres son iguales”? FrasesPsicología Práctica Nº 174, portada, Mar Cantero Sánchez como esta han bombardeado la mente de las mujeres desde pequeñas. Sin embargo, ambos, hombres y mujeres, son capaces de amar y de ser felices en una relación. Rosetta Forner nos habla de la confusión generalizada que existe entre hombres y mujeres, a la hora de mantener una relación sana.

¿Piensas que los hombres tienen la culpa de todo? ¿Crees que son incapaces de comprender a las mujeres? ¿Sigues esperando a que llegue tu príncipe azul? Según Rosetta Forner, coach y autora del libro “El príncipe azul que dio calabazas a la princesa que creía en los cuentos de hadas (Zenith): “A ellos se les exige que sean la fuente de bienestar emocional y de refuerzo de la autoestima de la mujer que con ellos se relaciona”. Los hombres no están para salvar a las mujeres, pues las mujeres de hoy pueden salvarse ellas solitas, ya que tienen la capacidad de ser independientes emocionalmente, si lo desean.

P.S.: En tu libro hablas del complejo de príncipe azul. ¿Qué es?
Rosetta Forner: Haberse creído que tiene que hacer feliz a una mujer y que todo el peso de la responsabilidad en una relación recae en él. Acompañado de la convicción de que un hombre por el mero hecho de ser hombre (cuestión de género), no sabe amar, ni expresar emociones, es infiel, sólo piensa en el sexo, es frío, inasequible emocionalmente, y etcétera…

¿Qué tipo de hombres padecen este complejo? En principio, ningún hombre está libre de padecerlo. De hecho, incluso el que escribió el prólogo (Marcos de Quinto), reconoce haber aprendido mucho sobre relaciones con este libro, y los otros tres hombres que escriben, también. Lo cual significa que, los hombres tienen pendiente hacer su ‘revolución emocional’, han de atreverse a librarse de ‘su maldición particular’. Un hombre que no consigue relacionarse con una mujer madura emocionalmente y que sólo se rodea o se siente atraído por mujeres ‘maribroncasmequejodetodo’, insatisfechas, inmaduras y quejosas, que le exigen que las haga felices, colgadas aún de relaciones anteriores no resueltas, con conflictos emocionales no resueltos –por lo que siempre buscan un hombre para que les haga de hombro donde llorar o una oreja que les escuche-. Ese hombre, sin lugar a dudas, padece del ‘complejo de príncipe azul’.

Psicología Práctica Nº 174, Entrevista a Rosetta Forner, pag 1, Mar Cantero Sánchez¿Por qué es tan difícil de comprender una mujer para un hombre y viceversa? Porque mucha gente es muy difícil de comprender por sí misma: si uno o una no es capaz de entenderse, valorarse, comprenderse, ¿cómo va a poder relacionarse con otra persona sin crear una relación conflictiva? Imposible. Las personas inmaduras son difíciles, sea quien sea la persona que se relacione con ellas. Las personas maduras que asumen las responsabilidades de su vida son las únicas ‘fáciles’. Eso sí, no se las puede manipular, pero asumen la responsabilidad de sí mismas y eso las hace ideales para relacionarse con ellas. Como se ve, a mi entender no es cuestión de ‘género’, sino de alma.

¿Por qué nos equivocamos tanto al enamorarnos? No nos equivocamos, sencillamente no escuchamos a nuestro corazón, ni a nuestra alma. Hay personas que no saben amar, ni son para formar pareja con ellas. Y, sin embargo, muchas mujeres (y cada vez, más hombres, pues están copiando las conductas disfuncionales femeninas, yo lo llamo ‘damiselarse’), se empeñan en seguir con esa persona que ni las ama ni las amará nunca. Una persona no es ‘aparato que se maneje con un mando a distancia’ o que se pueda manipular. Empero, muchas personas se hacen la idea de que ‘su amor cambiará a esa persona (ya sea él o ella). Hay mujeres que se relacionan con hombres que de tener un estatus diferente, léase ser albañil en lugar de ‘magistrado’ o ‘empresario de éxito’, no lo harían. No importa si es un ‘canalla’. Lo que de verdad les importa es su ‘status social’. Ergo, el desastre está servido. Por no hablar de la soledad: muchas personas no saben ni quieren aprender a estar consigo mismas. Otras, a esto se añade, que son ‘fóbicas al qué dirán’ y no quieren que nadie las considere unas fracasadas o menos valiosas por no ‘tener pareja’. Unimos estos factores y tenemos el ‘complejo de salir a perder a la vida’. Si nos guiásemos de verdad por el corazón, sólo nos enamoraríamos de las personas que le hablan a nuestra alma. No hay que empecinarse en ‘redimir’ al otro. Aunque haya libros que ‘cuentan’ esto, la realidad desmiente a esos libros.

¿Crees que a los hombres se les exige más en las relaciones que a las mujeres? Por supuesto que sí, sobre todo por parte de las mujeres, que no de otros hombres. Tradicionalmente, el hombre ha de ser el garante de la ‘felicidad’ de la mujer, ha de hacerla feliz y debe ‘adivinarle’ sus deseos y necesidades, además de cuidarla y darle sentido a su vida. Y un estatus social: las mujeres se siguen relacionando con hombres poderosos, o al menos lo intentan, para alcanzar un ‘nivel’ que por sí mismas o bien, consideran que no es posible o que tiene ‘mucho coste’. Es más, cuando una mujer conquista a un hombre de rango social-profesional elevado, se suele considerar que ello se debe a que ‘ella es valiosa’ -la hace valiosa-, más que otras mujeres, por eso lo logró y otras no.

¿Es la sociedad, o la mujer quien les exige más, o se lo exigen ellos mismos? Obviamente son ellas las que les exigen Al fin y al cabo, la sociedad la formamos entre todos. Ellos no es que se exijan, es que a veces, no saben qué hacer y se encuentran tan presionados, que por eso muchas veces ‘desaparecen’. Trato de explicarlo en mi libro: cuando la tarea de hacer funcionar la relación recae sólo en ellos, además de injusta, es imposible. La relación es cosa de dos, y ambos tienen derechos y responsabilidades.

¿Los hombres y las mujeres aman de la misma forma? Nadie amaPsicología Práctica Nº 174, Entrevista a Rosetta Forner, pag 2, Mar Cantero Sánchez de la misma forma, luego no es cuestión de género sino de patrones culturales, o de ‘percepción de la realidad’, el que creamos que ellos son de Marte y ellas de Venus (por eso yo escribí ‘Las reinas son del planeta que les da la gana’). De hecho, hay anclajes sociales pudiéndose aplicar aquello de la ‘profecía auto cumplida’. A las mujeres inmaduras –psicológicamente hablando-, les conviene pensar así y perpetuar esta creencia, puesto que así, tienen ‘excusa’ para seguir echándoles en cara que ‘no saben amar’. No hay dos personas que amen igual, puede haber formas compatibles, como hay personas compatibles en base a sus valores, creencias, forma de pensar, y a su estructura del alma. Una escala de valores similar y compatible hará que dos personas puedan y sepan amarse. Actualmente, el amor está muy banalizado, se hace proselitismo del ‘sexo’ y a la mujer se le está inculcando unos patrones amatorios y relacionales que van en contra de ella, aunque paradójicamente, ellas no lo ven y encima están encantadas. A la larga, espero que se den cuenta de la trampa que les han tendido. Algunas sólo aciertan a darse cuenta de que ‘tiene malestar emocional’.

Algunas mujeres dependen emocionalmente de su pareja, pero ¿quién crea esa dependencia en una relación? Ellas, y sólo ellas, y nadie más que ellas. Nadie nos hace nada que no le consintamos. Ergo, la dependencia emocional se la auto generan las mujeres desde antes de comenzar una relación: el soñar con ‘la relación ideal con el príncipe azul’ precede al estar en relación con un hombre. Por eso, muchas mujeres van ‘codependizadas’ a una relación. Cuando la mujer aprende a tener una vida propia, con una identidad propia, y asume lo siguiente: “soy lo mejor que me ha pasado” (esto, cuando lo pongo en las dedicatorias en los libros, a la gente le emociona e impacta mucho), se deja de codependencias. Una mujer tiene capacidades, ergo tiene la posibilidad y las herramientas para no depender emocionalmente de alguien, si ella quiere, claro está. Cierto es también que muchos hombres están encantados de que ella ‘beba lo vientos por él’, puesto que una mujer que ‘les necesita’, a los hombres con ego frágil (o sea, inmaduros emocionalmente), les encanta, porque les hincha el ego sobremanera y les hace sentirse machotes. Lo cual no significa que ella vaya a salir ganando, sino perdiendo. A la mujer no hay que victimizarla sino animarla a coger las riendas emocionales de su vida (ver mis libros ‘La maldición de Eva’, o ‘La reina que dio calabazas al caballero de la armadura oxidada’).

En tu libro dices que es importante saber cómo queremos que nos amen. ¿Mejor saberlo antes de iniciar una relación? Si no se sabe antes de empezar una relación y más, si se tiene ya más de 25 años, mal vamos. O muy mal irá la persona y su relación. Suelen decirme, en consulta, que eso es algo de lo que nadie suele hablar. Este concepto lo introduje en mi ya mencionado libro ‘La reina que dio…’ A muchas mujeres les ha venido fenomenal leerlo porque aprendieron a ‘ponerse la corona’ en el sentido rosettiano (coger las riendas emocionales de su vida). Si una persona desconoce cómo le gusta que le amen, ¿cómo podrá saber si la aman o no? Es como salir a buscar un electrodoméstico, pero no saber ni las medidas, ni las características, ni el importe que queremos gastarnos. ¿Cómo sabremos que lo habremos hallado si no sabemos lo que buscamos? No se puede distinguir aquello que se desconoce. Además, si se sabe cómo nos gusta que nos amen, desde el momento ‘cero de la relación’ y en las primeras citas, la persona se dedica a observar, hace preguntas en consecuencia, y así va perfilando el mapa de ese territorio que está explorando, al tiempo que se apercibe del estilo de amar de la otra persona, y de si ese estilo es o no compatible con el de ella o el de él.

¿Cuáles serían las reglas básicas para una buena convivencia en la pareja? La más básica es que haya verdadero amor. Si no lo hay, no será imposible convivir si ambos son personas maduras a nivel emocionológico, pero el amor es fundamental. Luego, el respeto por las diferencias. La asunción de responsabilidades. La voluntad de entender al otro, de ser tolerante con sus matices. Conversar, no quedarse nada dentro y no generar rencor. No sacar el dedo acusador. Tratar de ser amables y amorosos con el otro. Recordar por qué uno se enamoró o fijó en la otra persona. Buscar y centrarse en las similitudes. Recordar lo bueno del otro. Dialogar. Sinceridad. Y, nada de ‘acuseiner y quejeiner’. Hay unas cuantas. Pero ya dije que la básica entre las básicas es que haya verdadero amor, aderezado de honestidad y fidelidad. Uno debe sentirse la persona más feliz de la Tierra por poder estar con esa otra persona, y viceversa.

¿Crees que la mujer de hoy no se ama a sí misma lo suficiente? Tanto alardear de que ellas son más listas que las de otras épocas y sin embargo, adolecen de dignidad y motivación para cuidar de sí mismas, de su psique, de su corazón proverbial. La sociedad las ha infantilizado y ellas han contribuido con su ‘omisión’, esto es, no han protestado sino que están encantadas (porque no se han parado a pensar en el precio que pagan y en el que pagarán). Les han vendido la moto de la liberación sexual y se han creído que con eso bastaba. Y no es así. Amarse no significa emular las peores conductas machistas, esas que tanto han criticado las mujeres. Ahora ellas proceden como ellos: yendo de conquista en conquista, son un trasfondo de rencor, rabia y deseos de vengarse. Del sexo no se pasa al amor, pero al revés, sí. Una mujer que se ama a sí misma, ni se comporta de ciertas maneras, ni permite ciertas conductas para con ella. La falta de amor propio es palpable en muchos de los escenarios sociales. Que la mujer actual se valore más a sí misma por ‘poderse acostar con quien le dé la gana y airearlo’ (como si esto las mujeres no lo hubiesen hecho jamás, salvo que eran más discretas…) que por su valía como ser humano o su inteligencia, debería hacernos pensar y reflexionar largo rato…

En tu libro dices que en la época de nuestras abuelas, los hombres y las mujeres se respetaban unos a otros. ¿En qué te basas para decirlo? Me baso en lo que me han contado, aparte de que por edad cronológica tengo memoria social. Y porque no han tergiversado la historia, no al menos en mi familia. Nosotros no somos fruto de ninguna incomprensiónPsicología Práctica Nº 174, Entrevista a Rosetta Forner, pag 4, Mar Cantero Sánchez del pasado, sino de la incomprensión que del pasado se hace en el presente o de su falsificación.

¿Era así realmente o somos el fruto de la incomprensión de ambos en el pasado? Ahora hay mucho egoísmo, ausencia de tolerancia, de humanidad andamos flojos, como de empatía con el prójimo. Y el amor por nosotros mismos parece reducirse a la competición de ver quién es más. A los abuelos se les mete en residencias porque ‘hay que trabajar’ (antes se hacía compatible el cuidar de los mayores con las tareas y eso que la gente trabajaba en el campo…). En verdad, no es ‘trabajo’, es falta de amor y de empatía (uno considera que eso ‘jamás le sucederá’, o sea, que le es ajeno). A los niños también se les aparca… En mi opinión, nos hemos deshumanizado, así nos va. Yo creo que esa falta de amor, esa carencia o ‘crisis de amor’, está detrás de tantas enfermedades.

¿Crees que ahora, los hombres y las mujeres no se respetan unos a otros en la sociedad actual? No. ¿Qué respeto puede haber si ambos, ellos y ellas, nada más se conocen ya se acuestan? Mejor dicho, no les importa conocerse, sino usar sexualmente al otro. A esto le llaman ‘liberación’. Yo lo llamo ‘putiferio’. El otro día, una me dijo que a ella le encantaba putiferiar. Claro está, que luego se quejan de que no hay hombres que merezcan la pena, y etc. ¿Hay quién de más en incongruencia y contradicciones? ¿Qué respeto puede haber si uno no se valora a sí mismo? Esto se palpa en las relaciones sociales: la gente es bastante maleducada o está falta de cortesía. A mí mucha gente, cuando me escribe por vez primera, me trata como si fuese ‘una colegui’, además de exigirme las cosas en lugar de pedirlas (‘piden que parece que dan’). Los iconos mediáticos suelen ser zafios, vulgares… No es de extrañar pues, esta crisis de soledad y desamparo.

¿Qué deberíamos tener en cuenta para enamorarnos del hombre y la mujer adecuados? Sin olvidar, que la persona tiene que tener saneada su ‘psique’, esto es, ser responsable de sí misma. Tenemos con los demás la relación que tenemos con nosotros mismos. Una persona, hombre o mujer con un historial de relaciones ‘conflictivas’ o ‘tortuosas’ (montaña rusa), no es una buena pareja. Si la persona tiene ‘asuntos’ por resolver, los llevará a la relación. Si nuestros instintos nos dicen ‘no’, hay que hacerles caso. La madurez psicológica no va pareja a la edad cronológica. Hay gente madura de todas las edades y también inmadura. Yo no creo en la persona adecuada, vista como un producto o un ‘par de zapatos’. Aunque es cierto que hay personas que no son adecuadas para estar en relación comprometida y esto se ve desde el inicio. No obstante, la misma persona, un día puede encontrar a la persona que le hable a su alma y no sólo comprometerse, sino enamorarse hasta el tuétano y convertirse en la pareja más apropiada. El amor no se crea a voluntad, no es cosa del ego, lo es del alma. Es un misterio y yo no sé resolverlo. Se sabe cómo se manifiesta químicamente, pero no cómo ni por qué se origina a otro nivel. El amor sana, cura heridas emocionales, y nos da alas. Obviamente, cuando el amor es espontáneo de verdad.

¿Hay un tipo de mujer más propensa a depender emocionalmente de un hombre? Sí, la que no se ama a sí misma. La que tiene un pobre sentido de sí misma (baja valoración), y baja autoestima (no se valora, no confía ni cree en ella). La mujer con fuertes y sólidas estructuras emocionales, que se aprecia y sabe cuidar de sí misma, no es codependiente en absoluto. Al contrario, se larga de una relación o no entra, en cuanto ve que aquello sólo le acarreará problemas.

En tu libro hablas de la diferencia entre amar y rescatar, ¿cuál es esa diferencia? Cuando ayudar al otro nos hace daño, estamos rescatando. Y, muchas personas siguen ’haciéndole los deberes al otro/a’, (ya sea pagarle las facturas, tolerar que tenga amante, aguantar que las humille delante de otros, que beba…), con tal de que siga a su lado. Rescatar pasa por no decirle al otro ‘no’. Ayudar es enseñarle a pescar. Rescatar, es pescarle y cocinarle el pescado cada día. Ahora bien, la persona que rescata, lo hace porque a cambio obtiene ‘algo’ que, cree que de otra manera no obtendría, ya sea admiración, amor, atención, valoración, poder de algún tipo, satisfacción…

¿Por qué algunos confunden una cosa con la otra? Porque no saben amar, ni se aman. Cuando uno no se valora, hace cosas y las consiente, que alguien que se aprecia, no hace ni consiente. Por ejemplo, alguien que no se valora, tolera que no le paguen por su trabajo y sigue en la empresa a pesar de los pesares. Una mujer, o un hombre, que no se amen ni se valoren, se empeñan en relacionarse con una persona problemática y/o con problemas (drogas, alcohol…).

¿Qué papel juega la culpa en las relaciones fallidas? Para poder cocinar algo en una olla, después de haberla usado, hay que limpiarla. De la misma manera, si queremos darnos la oportunidad de tener una buena relación, deberíamos limpiarnos de ‘la relación anterior’ de los rencores, las frustraciones, los malos rollos, las culpabilidades… Ni la culpa ni su ausencia son jamás cien por cien de uno sólo de los miembros de la pareja. Es muy liberador y sano, averiguar cómo uno contribuyó a ese ‘resultado’. Y luego, obviamente, integrar el aprendizaje y evolucionar.Psicología Práctica Nº 174, Entrevista a Rosetta Forner, pag 5, Mar Cantero Sánchez

5 pasos para comprenderse en la pareja y hacer que funcione:

Según Rosetta Forner, “El otro jamás tiene la culpa de lo que nos pasa y usar el ‘acuseiner’ y el ‘quejeiner’, sólo envenena las relaciones.” Tenemos más capacidad de la que creemos para hacer que nuestra relación funcione. Te damos algunas ideas.

1. Tú primero: “Ten una relación sana contigo misma y luego busca a la persona que le hable a tu alma”, Forner.

2. Analiza: “Es muy bueno analizar, considerar cuál fue la contribución por acción y por omisión al resultado de una relación fallida”, dice Forner. No se trata de buscar culpables, sino de encontrar motivos para ponerles solución, si es posible.

3. No hagas diferencias de sexo: sino entre personas. “Cuando entendamos y aceptamos esta realidad, nos irá mejor a todos en todos los sentidos”, Forner.

4. Acepta las diferencias: Un hombre y una mujer son distintos, pero una persona y otra persona también lo son, no importa tanto el sexo como: la personalidad, el carácter, la cultura, la educación, los estudios, etc. Todo cuenta, pero si se ama de verdad, esas diferencias enriquecen la relación.

5. Déjale ir: Según Forner: “Si no se ama a la persona, es mejor dejarla.” Algunas personas mantienen una relación por costumbre, por no quedarse solas, o porque tienen miedo. Ninguna de estas razones es válida en el amor y puede convertir la relación en algo muy negativo.