Despierta tu atractivo personal, COSMOPOLITAN Nº 262, 2012

¡Dí adiós a las excusas! y libérate del miedo a la responsabilidad

¿Te has fijado en la cantidad de veces que COSMOPOLITAN 262, portada, Mar Cantero Sánchez, www.marcanterosanchez.comte justificas y pones alguna excusa? Desde el consabido “¡Había mucho tráfico!” hasta el “No puedo parar de comer, tengo ansiedad”, las excusas para justificarte a ti misma y a tus errores se oyen hasta en la luna. Y nos pasa a todas, pero ¿sabes a qué se debe esta afición a los pretextos? Conoce las razones que te llevan a disculparte por todo.

EXCUSAS, EXCUSAS
¿Quién da más?

Inconscientemente, “el hecho de disculpar a los demás y a ti misma continuamente y de hacerlo sin lógica ni sentido común, hace la vida más llevadera, pero vivir bajo este engaño exculpatorio, puede traerte problemas”, asegura el psicólogo y escritor Francisco Gavilán (www.franciscogavilan.net), en su libro “Yo no he sido (Zenith)”, que ha respondido a nuestras preguntas. La acción de excusar y excusarte son actos que haces de forma involuntaria y cuanto más lo haces, más quieres volver a hacerlo, hasta llegar a un punto en el que das una justificación a casi todo lo que te ocurre en la vida, incluidas las cosas que son de tu responsabilidad o de la de otros. Esto es porque temes asumir ciertas responsabilidades y sentirte culpable, y de tu boca surgen espontáneamente y sin parar, cientos de disculpas y razones: Si llegas tarde, porque el coche no arrancaba; si algo te sale mal, porque tuviste mala suerte; o si tienes un accidente, son los otros los que no saben conducir. Todo para neutralizar situaciones comprometidas y salir del paso, así proteges tu autoestima y tu ego se mantiene intacto.

Las excusas proceden de dos tipos de miedo básicos:

1. MIEDO AL ERROR: ¿Te asusta equivocarte?

Según Gavilán, “Un ego equilibrado no necesita COSMOPOLITAN Nº 262, YO NO HE SIDO, pag 1, Mar Cantero Sánchezenmascarar o negar su responsabilidad. Pero un ego “enfermizo”, con una frágil autoestima, tratará siempre de eludir su responsabilidad en cualquier error que haya cometido pues ignora que tiene derecho a equivocarse. El problema reside en que este tipo de personalidad asocia el reconocimiento del fallo con su autoestima. Cree que admitiendo su error los demás le van a considerar menos inteligente o menos apto para su trabajo o sus relaciones personales. Es un error de perspectiva que no lo soluciona un oftalmólogo…” Poner excusas evita la frustración de reconocer que te has equivocado o que actúas de forma irresponsable de vez en cuando. Pero, ¿no eres un ser humano como todo el mundo? Tienes derecho a equivocarte y a olvidarte de cumplir las reglas, alguna que otra vez. “Si no reconoces tu error, no aprendes de él, estás condenada a repetirlo o cometer otro aún mayor. El error es una oportunidad que te da la vida para mejorar. ¿Vas a desaprovecharla?”, pregunta Gavilán.

2. MIEDO A LOS DEMÁS. ¿Temes lo que piensen?

Si te preocupa el qué dirán, lo que puedan pensar de ti, o cómo se tomarán los demás tus errores, tu autoestima necesita una revisión. Es probable que no sea tan firme como creías y este es un buen momento para plantearte quererte y valorarte más de lo que lo has hecho hasta ahora. “A las personas con una débil autoestima, les preocupa mucho, lo que piensen los demás sobre ellas. La evaluación de sus méritos o deficiencias proviene de fuera. La opinión de los otros siempre es más importante que la propia. En esta apreciación incurren algunas mujeres, al necesitar que les digan lo bien que visten o lo bellas que se ven para reafirmar su autoestima. Superarlo es posible, pero siempre que seas capaz de invertir los términos. Es decir, cree que tu opinión es mucho más importante”, afirma Gavilán.

LA PROYECCIÓN
Ego me absolvo

Como decía Sartre: “El infierno son los otros”. Eso es lo que haces cuando proyectas en otros, tus miedos, tus responsabilidades, y hasta la razón de por qué actúas de cierta forma en una situación. Para Gavilán, “es un mecanismo de defensa de la personalidad que usas para salvar tu imagen. Atribuyes a los demás lo que sucede dentro de ti misma, señalando como culpable al que tienes al lado y si éste está ausente, mucho mejor.” Gavilán da en su libro una breve lista de excusas comunes que suelen usarse en entornos familiares y conocidos.

COSMOPOLITAN Nº 262, YO NO HE SIDO, pag 2, Mar Cantero Sánchez

. Me haces sentir mal.
. Me pones enferma.
. Él me obligó.
. Me ofendes.
. Haces que me equivoque.
. Me pones nerviosa.
. Me haces llorar con lo que me dices.
. Por tu culpa no he podido…

Intentas dejar en manos de otro la responsabilidad que te corresponde porque, en condiciones normales, nadie puede obligarte a hacer o deshacer a tu antojo; y si te equivocas, no va a ser siempre por culpa del otro; y como dice el refrán “no ofende quien quiere, sino quien puede” por eso, si lloras o te sientes dolida, recuerda que es tu decisión. Es posible que los demás hayan puesto la semilla, para que crezca en ti el dolor y la frustración, pero eres tú quien decide seguir regándola o permitir que muera de sed.

EL PASADO CULPABLE
¡Vive el hoy!

“Todos somos víctimas de nuestros padres”, decía Froid, y así es en las personas que no han tenido una infancia feliz, pero no sirve de mucho seguir culpando de no tener un buen presente, a los que te educaron en el pasado. Lees un libro, ves una película, o te cuentan algo que te recuerda momentos dolorosos y ya tienes la excusa perfecta para quejarte, si en la vida no te va como esperabas. Y seguramente, después de pensar en ello, además los justificas: lo hicieron lo mejor que supieron; eran muy jóvenes; eran otros tiempos; etc. Y a la hora de echarle la culpa a algo, un pasado negativo puede ser tan malo como uno muy positivo, que te lleva a estar habitualmente nostálgica recordando que “cualquier tiempo pasado fue mejor”… Pero el ahora es lo único que importa y tú estás aquí para tomar las riendas y hacerte cargo de tu vida. Fíjate en los que tienen éxito, no pierden el tiempo con lamentaciones ni nostalgias, todo lo contrario, se ocupan de hacer lo que quieren y si cometen errores, no se retrasan poniendo excusas, aprenden del error y siguen adelante. ¿No crees que puedes hacer lo mismo? “Es cierto que la educación que hemos recibido puede reflejarse en tu actitud presente, pero la vida es un constante aprendizaje y culpar a otros es estancarse para justificar tu comportamiento en vez de intentar cambiarlo. Es la excusa perfecta para la inoperancia. Como aquel que iba a cazar caracoles y se les escapaban de las manos…”, explica Gavilán.

CULPABILIDAD vs RESPONSABILIDAD
¿Das razones?

Uno de los recursos favoritos es racionalizar las excusas. Gavilán dice que “la racionalización se usa para que suenen veraces. Se trata de aportar razones, a veces muy rebuscadas, para tratar de justificarse mejor y convencer a los demás, pero es un autoengaño que no se lo cree ni quien lo inventa. Como aquel marido que maltrataba a su mujer y lo racionalizaba así: “Si te pego es porque te quiero… (¿Te imaginas de lo que sería capaz si la odiase?).” Como los que suelen responder: “La frase está fuera de contexto”, para zafarse de su actitud si alguien se la reprocha. “Esta frase es un “argumento” muy socorrido por políticos y personajes públicoss, pero no es un argumento. Se apela a ella precisamente cuando se carecen de verdaderos argumentos. Es una demostración de insuficiencia profesional o personal que casi siempre implica tácitamente una culpabilidad”, asegura Gavilán. Ten en cuenta esto: Ser culpable implica una consecuencia negativa; pero ser responsable implica un resultado positivo. Asumir tus responsabilidades con respeto a tu vida personal; tu trabajo; tus estudios; familia; amigos; etc., es además un síntoma de madurez emocional y psicológica.

TIPOS DE EXCUSAS:

Hay una gran variedad de excusas tan amplia como los motivos por los que se dan, aquí te presentamos las más recurrentes y socorridas. Fíjate y descubre si sueles utilizar alguna:

1. MAÑANA SERÁ OTRO DÍA: ¿Perezosa?

Como decía Escarlata O’hara en “Lo que el viento se llevó”: ¡Ya lo pensaré mañana! Y nos olvidamos del refrán que dice: “No dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy.” ¿Por qué esta excusa es tan común? Gavilán responde que “pueden ser varios los motivos: pereza; miedo al fracaso; a no hacerlas bien; etc. Así evitamos nuestra responsabilidad y la crítica posterior. Se nos podrá acusar de incumplidores o de vagos, pero nunca de haberlo hecho mal, que es lo que el postergador persigue. Porque, como se sabe, ¡sólo se equivoca el que hace algo!”

2. AUTOETIQUETARSE: ¿Cuál es la tuya?

Algunos suelen responder “Yo soy así”, como explica Gavilán, “para denotar que no tienen culpa, que es algo que no pueden cambiar porque es una característica, pero es una falacia y una de las excusas menos inteligentes. Es como admitir que no se puede aprender nada nuevo o desaprender algo viejo. Escudarse en ella es reafirmar tu personalidad: “Soy así de tonta y estoy dispuesta a demostrártelo cuantas veces quieras cometiendo el mismo error. La mejor actitud es, como en otros casos similares, reconocer humildemente el fallo, aprender, y tomárselo con humor británico. Como del que alardeaba Peter Cook: “He aprendido de mis errores y estoy seguro de que puedo repetirlos.”

3. LA MALA SUERTE: ¿Cuál es tu destino?

¿Te encanta culpar al destino o decirte a ti misma que la suerte no es amiga tuya? Si sigues así, vas a conseguir que sea cierto. Es una forma de conformarte en lugar de intentar hacer algo por tu cuenta y riesgo. Gavilán explica que “es lo más fácil e irresponsable que puedes hacer, pues es como pensar que hay poderes sobre los que no tienes ningún control, así que no merece la pena esforzarte ni tratar de prever nada, porque nada se puede hacer. Te sirve para no molestarte en mover el trasero y esperar a que escampe el temporal. A quienes piensan así, jamás les sonreirá la suerte, si esperan que alguien se la traiga o le llueva del cielo. Tienes que ir tú a por ella. A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa. La “buena” o “mala suerte” no existen. Los que califican a otros de tener “buena suerte” no se dan cuenta de lo mucho que los suertudos se han esforzado para tener éxito. Y los que consideran que tienen “mala suerte” olvidan lo poco que se han esforzado para cambiar la dirección de los acontecimientos. El éxito es una escalera por la que no se puede subir con las manos en los bolsillos”.

4. EXCUSAS SEXUALES: ¿Te entiendes y te entienden?

Francisco Gavilán llama síndrome de Lo que el viento se llevó a “la idea errónea que tienen algunos hombres sobre el sexo. Creen que tienen que ser espontáneos, empujar a la mujer y vencer la resistencia femenina hasta que esta cede, porque – según su creencia – si presionan lo suficiente, la mujer siempre acaba cediendo. ¿Verdad que están claramente equivocados? No hay nada que te fastidie más ni te resulte más cansino, que un pesado insistente. A veces, esta idea masculina va más allá de la libertad sexual y se convierte en delito: maltratadores, acosadores, violadores, etc. Pero hay más tipos de justificaciones sexuales, como la del infiel, que se escuda en el exceso de testosterona o incluso en la culpabilidad de ella, asumiéndose a sí mismo como inocente. Pero también hay excusas femeninas para la infidelidad: Él no me tenía en cuenta; trabajaba demasiado; nunca estaba en casa; etc. Y ¡cómo no!, las reiteradas evasivas como escapatoria para no practicar el sexo, que pertenecen tanto a hombres como a mujeres: me duele la cabeza; estoy muy cansado; he trabajado mucho; etc. en lugar de decir claramente… ¡No me apetece hacerlo! y ya está. Respuesta que cualquiera es capaz de entender y de aceptar, puesto que tienes la libertad de elegir lo que quieres o no quieres hacer en cada momento.

5. EL AMINOMEPASARAÍSMO: ¿Eres invulnerable?

Investigadores de la Universidad de California han llegado a la conclusión de que los genes explican las imprudencias al volante, pero además de por una cuestión genética, existe también lo que se llama la enfermedad del mal conductor, que lo padecen quienes tienen unas características definidas al volante: exceso de velocidad; no respetar semáforos, otras reglas de circulación, la distancia de seguridad; y la más significativa, pensar que conducen tan bien que nunca va a pasarles nada. Gavilán lo llama “el aminomepasaraísmo”, pero no afecta sólo a los conductores, también a los fumadores; a los que comen algo que saben que les sienta mal; a los que beben demasiado; y también a los que caen varias veces en la misma piedra, repitiendo actitudes nocivas para sí mismos o para otros: lenguaje incorrecto como decir palabrotas; agresividad verbal o física; o comportamiento incívico como poner la radio del coche a todo trapo a cualquier hora del día y de la noche, o escupir en la calle. Como dice un proverbio árabe: “Quien quiere hacer algo, siempre encuentra un medio; quien no quiere hacerlo, una excusa”. Todos los que padecen del aminomepasarísmo, se creen inmunes a las reacciones ajenas, pero cuidado, porque la gente suele sorprender cuando se la lleva al límite.

COSMOPOLITAN Nº 262, YO NO HE SIDO, pag 3, Mar Cantero Sánchez

PARA DEJAR DE DAR EXCUSAS, SIGUE ESTOS TIPS:

1. Escúchate: Es difícil captar cada excusa que das, pues algunas son ya tan usadas que casi son imperceptibles. ¡Tendrás que atraparlas al vuelo!

2. Averigüa por qué: Encuentra la razón a cada excusa que das espontáneamente…analízalas.

3. Cambia el chip: En lugar de excusarte, practica una nueva actitud, por ejemplo, decir qué vas a hacer a partir de ahora para que la situación no vuelva a repetirse.

4. Sé auténtica: Intenta no auto engañarte y sé consciente de si puedes o no puedes hacer algo por cambiar las cosas.

5. Asume tu responsabilidad: Siempre eres la responsable de ti misma y de tu comportamiento. Como dice la frase: “Si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas dos veces, la culpa es mía”. Sí, pero cambia la palabra culpa por una mucho más positiva: responsabilidad.

TE LO DIJE: ¿Te suena?

Francisco Gavilán nos ha dado una posible respuesta para la ya clásica afirmación: ¡Te lo dije!, esa que sueles oír cuando cometes un error del que ya habías sido advertida, como si esa persona creyera que ella es infalible y nunca se equivoca. Tú, ya sabes que tienes derecho a equivocarte, así que toma nota para la próxima vez: “Tendrías un gran éxito si te dedicaras profesionalmente a predecir el futuro. No voy a esperar a tu cumpleaños para regalarte un juego de cartas de Tarot. ¿Puedes “saber” si lo tiene El Corte Inglés? Y abusando de tus poderes, ¿puedes decirme también qué se va a llevar el próximo verano?”

Libro:
“Yo no he sido (Zenith)”, Francisco Gavilán

Mar Cantero Sánchez